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"Mire hacia donde quiera, lo importante es que diga la verdad"

Aguafuertes surrealistas no es el título de ningún cuadro, que se sepa, pero fue el paisaje descrito ayer por el testigo Tomás Allende y Miláns del Bosch en el juicio oral del caso Banesto al declarar sobre la operación locales comerciales. Allende está imputado en esta presunta estafa de 1.550 millones en un procedimiento separado, que actualmente instruye la juez Teresa Palacios. Como buen cazador, Allende sacó ayer pecho y explicó cómo funcionan, de verdad, los negocios en España. "La palabra testaferro me suena fatal", dijo, valiente, al fiscal Luis López Sanz. La historieta es que, en una cacería, Fernando Garro le dijo, tras mucho insistir, que sí, que podía "echar una mano" a Banesto en materia de "logística" de locales, su especialidad. Garro le envió a dos personas, Enrique Garde y Pedro Insauriaga. Éstos, a su vez, le encargaron la compra de varios locales. Se puso en contacto con varios intermediarios, quienes, por su parte, dieron con varios vendedores. Banesto pagó 2.996 millones por unos locales escriturados y efectivamente comprados por 1.400 millones en números redondos. La diferencia coincide con los 1.550 millones que, según Allende, él mismo ingresó, básicamente, en el Banco de Comercio.

Allende ganó en la operación 300 millones. El resto, según las instrucciones que le habría dado Pedro Insauriaga, se le daría en cheques de Banesto que debían ser canjeados por cheques de otros bancos. "Como yo trabajaba con el Banco del Comercio, los ingresé en una cuenta innumerada de la que disponía". Una parte, asegura Allende, se la entregaba a Insauriaga inmediatamente y otra la utilizaba para hacer inversiones. "Nunca tomé nota de las cifras. Nuestra relación se basaba en la confianza". Se trata de la confianza de Garro, porque ni Insauriaga ni Garde, según reconoció Allende, le conocían. "Las devoluciones a Insauriaga se hacían en cafeterías o en un hotel, ya no recuerdo, quizá en sobres cerrados". Insauriaga falleció hace algunos años ya.

El presidente del tribunal, Siro García, cuando Allende preguntó a quién debía mirar al contestar las preguntas del letrado de Banesto, contestó: "Mire hacia donde quiera, lo importante es que diga la verdad". Allende, eso sí, destruyó en el camino el escudo de la defensa de Garro. Los 1.550 millones, explicó, los ingresó en los bancos. De invención de la Policía Judicial, nada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de abril de 1999