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Entrevista:

MARIA JESÚS CAVA MESA HISTORIADORA "Los ayuntamientos han conseguido logros impensables"

"La vida merece ser vivida si se dedica a los demás". "Las cosas más difíciles se consiguen planteándolas con sinceridad, con el corazón y el cariño de un amigo". Estas frases de Beti Duñabeitia, alcalde interino del Ayuntamiento de Bilbao (del 20 de diciembre de 1990 al 15 de junio de 1991) reflejan el pulso que la historiadora María Jesús Cava Mesa, catedrática numeraria de la Universidad de Deusto, ha tomado a través de un libro que se presentará esta semana, coincidiendo con el aniversario de las corporaciones democráticas: Las alcaldías de la Democracia (1979-199). Veinte años de la gestión municipal en Bilbao. María Jesús Cava es una mujer bien conocida en Bilbao por su actividad académica y por ser "nacida en Indautxu, en casa de mis abuelos maternos, y haber estudiado en las Esclavas y posteriormente en Deusto, donde siempre me he sentido cómoda y libre, en la primera promoción de Historia de la Facultad de Filosofía". Fue número uno de su promoción y pasó de inmediato a ser profesora. Se doctoró en 1985, con cum laude y una tesis dedicada a Los diplomáticos de Franco, concretamente a José Felix de Lequerica. Entre sus muchas publicaciones se pueden destacar Memoria colectiva del bombardeo de Gernika o El ocaso del zarismo, además de Ocio y ciudadanía en Bilbao, o El animal en la contemporaneidad: cultura y vida cotidiana. En el libro de los veinte años del ayuntamiento democrático de Bilbao hay unos capítulos dedicados a cada uno de los últimos cinco alcaldes: Castañares, Robles, Gorordo, Duñabeitia y Ortuondo, y una segunda parte con una sipnosis biográfica de los ediles de estos años. "Ha sido una tarea corta en tiempo y difícil de realizar porque cuesta objetivar una historia reciente y compleja; consultando a más de cien concejales y hablando con los alcaldes", apunta. Pregunta. ¿Cree que estos años han sido importantes?. Respuesta. Sí, mucho. El comportamiento de los ayuntamientos democráticos, de las personas que los formaron, ha sido la clave de numerosos logros de nuestro tiempo. Hemos ganado todos en libertad, diálogo, obras y realizaciones hasta alcanzar numerosos logros que eran impensables en el año 79. P. ¿Cuáles cree que han sido en estos años los momentos más difíciles o delicados?. R. El inicio de la transición política se vivió con una dureza extraordinaria y una enorme exigencia. Era lógico, por la demanda de muchos años cercenada por el franquismo. Puede resumirse con una frase de Castañares de que, a veces, tenía la sensación de que andar por los pasillos de la alcaldía era como hacerlo sobre un campo minado. Pero en Bilbao hubo otro momento muy complicado, el de la década de los 80, porque a la crisis económica se unieron las inundaciones. Había zonas absolutamente empobrecidas, llenas de marginalidad, además de un caos por la falta de política, sobre todo urbanística. A ello se añadió un Bilbao lleno de agua y barro. Robles, con un buen equipo, fue el encargado de limpiar y recuperar. Abrió un camino que sirvió para poner la primera piedra de lo que después ha sido el Bilbao de los 90, con el cambio a la tercialización y la relación con Europa, el eje atlántico. P. ¿Se ha logrado ese cambio? R. Se ha iniciado. Ningún ayuntamiento es un ente aislado y necesita, además de tiempo, un proceso múltiple y unos compromisos institucionales. Acomodar la política hacia la ciudad de servicios no es un modelo que exige un encaje de bolillos y una apuesta pública y privada, de compromiso, ahora hacia Europa, que supo iniciar Ortuondo y que señaló o advirtió Gorordo. P. Hablemos de los alcaldes. Castañares. R. He descubierto en él a un buen observador político, incluso diría que un geopolítico. Vivió intensamente la política de la transición y padeció algunos vicios anteriores y el ataque de una prensa muy dura. Hoy no escamotea su autocrítica. Me ha sorprendido favorablemente. P. Robles. R. Una persona muy próxima, entrañable, que valora, creo que con sinceridad, el concepto pueblo. Al mismo tiempo, es muy minucioso y, como buen marino, no deja un cabo suelto. En cuanto a la gestión, estoy segura que dejó bien instalado un andarivel, maroma o puente entre dos puntos de un mismo puerto. P. Gorordo. R. En su despacho tiene colocada una máxima de Roosevelt: "La lucha es parte de mi vida". Así lo cree. Para ello cuenta con habilidades de publicista, comunicador, artífice -para bien o para mal- de su propia imagen. Cuando llegó a la alcaldía quebró algunos estilos y rutinas, fue rompedor. Ha sido y es un trabajador nato, desde la madrugada. Le he visto ahora como un hombre que quiere resurgir, recuperar el tiempo perdido. Es tenaz, y, en cierto sentido, consciente de que el poder puede llegar a poderte. Es justo decir que tuvo fe en el resurgir de Bilbao. "Necesitamos una acción urgente, firme y prioritaria de apoyo económico", decía en 1989. P. Duñabeitia. R. Un hombre de una fidelidad extraordinaria. Preocupadísimo por los temas sociales. A pesar de la brevedad de su mandato, en un momento delicado, dejó el puesto con tanta aceptación o más de la que fue proclamado en pleno. Supo resolver la situación y abrió una vía de lo que he dado en llamar nuevo statu quo. Fue la persona idónea para salvar el impasse por su talante y deseo de consenso. Como dice una frase suya "trabajo con los cimientos, para que otros construyan la casa". P. Ortuondo. R. Cuando llegó se decía que carecía de carisma. Después de dos mandatos, esa afirmación causa risa. Ha sido un gestor que entendía que Bilbao "era otra galaxia" y había que saber adaptar la ciudad al futuro desde su caracter neoliberal combinando la eficacia de lo privado con la de lo público. Ha sido un político al que la imprimación del europeísmo le ha dado carácter y creo que tiene una conceptualización de lo que debe ser la política municipal en el contexto de las instituciones vascas que debería, cuando menos, escucharse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de abril de 1999