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Tribuna:

Ser valenciano/a

Existen muchas formas de ser valenciano/a o español/a. Ser valenciano para unas personas significa una cosa y para otras personas puede significar algo muy distinto. Para unos las señas de identidad de un colectivo son unas y para otros pueden ser otras diferentes. En mi gremio intelectual a esto se le llama "conflicto de representaciones de un colectivo". Esta disparidad de interpretaciones se puede observar analizando las respuestas a la pregunta siguiente: ¿qué condiciones cree usted que debe cumplir una persona para ser considerada valenciana? Los sociólogos/as más solventes han detectado diferentes maneras de responder a esta pregunta y tras agruparlas les han puesto diferentes etiquetas. Me ocuparé sólo de tres e intentaré aplicarlas a la población valenciana. La más general es la cívica, también llamada "territorialista" o "política" y se suele expresar en frases como "valenciano/a es aquel que vive y trabaja en la Comunidad Valenciana". No hay más condición ni requerimiento que formar parte de la comunidad política de un territorio, tener un pasaporte, un DNI, o pagar al fisco. Frente a la perspectiva cívica se suele situar el punto de vista primordialista o "étnico" que es el de aquellas personas que consideran que para ser miembro de una comunidad se requieren unos vínculos primordiales con otras personas: nacimiento en el territorio, lengua, y ancestros son los que suelen centrar la atención de los sociólogos/as, aunque también se suele considerar la religión. Esta concepción se suele expresar en frases como "si no has nacido aquí no puedes entender lo que significan las Fallas", "la esencia de un pueblo se expresa a través de su lengua", o "valencianos son los que hablan valenciano". Una tercera forma es la voluntarista: para formar parte de una comunidad cultural hay que quererlo. De la misma manera que una estudiante en el País Vasco puede no querer sentirse española, una obrera de la margen izquierda de la ría de Bilbao puede no querer sentirse vasca sino española o murciana. Desde este punto de vista uno/a se identifica con el colectivo que desea, el cual no coresponde necesariamente con el que le toca por nacimiento o con el que le pueden imponer las minorías iluminadas de un grupo étnico. La socialización conduce a las personas hacia una determinada forma de identidad y no hacia otras. Por ejemplo, difícilmente una persona que haya nacido en Morella y haya estudiado en Tarragona puede escoger sentirse finlandés, aunque vistas las cosas no me apostaría un dedo a que este caso exista. ¿Son los valencianos/as primordialistas, territorialistas, voluntaristas, o una mezcla de los tres? Los datos de la última encuesta del CIS arrojan luz sobre estos interrogantes. El 30,7% de los valencianos/as manifiestan un punto de vista primordialista con diferentes intensidades. Casi un tercio de la población entiende que sólo se es valenciano si se ha nacido aquí, si sus padres son valencianos, si habla valenciano, o cualquier combinación de estos elementos. Un 40,3% de valencianos/as tiene un punto de vista cívico o voluntarista y rechaza las condiciones primordialistas. El restante 29% da una de cal y una de arena. Teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad autoproclamada moderna (o posmoderna), abierta, permeable, parece que ese 30,7% de la población con tendencias primordialistas es el elemento de contraste. Las personas de postura primordialista viven en la provincia de Alicante (43%) y la de Valencia (46%) y sobre todo en ciudades con una población que oscila entre 10.000 y 100.000 habitantes (42%). En un 76% de los casos han nacido en la Comunidad, lo que deja el caso del cuarto restante de la población que siendo inmigrante entiende que para ser considerado valenciano/a se precisa tener algún rasgo primordial. Esta creencia les pone automáticamente en el grupo de los que no creen que los demás les consideren valencianos/as. Puede que sea el mismo caso de los/as primordialistas que se declaran castellanoparlantes (23,5%) frente a los que dicen ser valencianoparlantes (58,1%) o bilingües (18,4%). No existen diferencias significativas respecto de la edad, aunque se observa que los mayores de 55 años presentan un porcentaje de primordialistas (33,8%) ligeramente superior al de otros grupos, que ronda el 25%. En un 57,4% de los casos la postura primordialista es adoptada por mujeres. La tasa de primordialistas está relacionada con la educación. A medida que el nivel aumenta, el porcentaje de primordialista baja. Las personas sin estudios o con sólo estudios primarios son el 71,7% de todos/as los que indican que para ser valenciano se precisa haber nacido aquí, descender de padres valencianos o hablar valenciano. En términos ideológicos, el/la primordialista se sitúa en el espacio del centro izquierda en un 63% de los casos, mientras que lo hace en el centro derecha con menor frecuencia (27,4%). No existe una relación estadísticamente significativa entre ideología y la forma de entender el "ser valenciano/a". Dos tercios de los valencianos rechazan la postura primordialista y abogan por un punto de vista cívico o voluntarista o por una combinación de estos dos con algún elemento primordialista. Hace 20 años, en un estudio realizado por el sociólogo Juan J. Linz, el 79% de los entrevistados/as indicaban que para ser considerado valenciano/a se necesitaba haber nacido o descender de valencianos. Las posiciones primordialistas remiten, lo que quiere decir que poco a poco se construye una comunidad en la que importa cada vez menos los vínculos primarios y cada vez más la condición de ciudadano/a. Creo que una buena muestra de ello es la situación de la élite político-institucional valenciana del periodo democrático: una cuarta parte de esta élite es inmigrante (sin vínculos primordiales). Una muestra más reciente es que hasta hace bien poco los líderes de los partidos mayoritarios eran foráneos. En vísperas de una campaña electoral donde la cuestión de la vertebración y de las señas de identidad puede que ocupen un lugar relevante, no estaría de mas hacer una pequeña reflexión acerca del tipo de discurso que las élites políticas articularán. ¿Fomentarán el primordialismo o se alinearán con las posturas cívicas?

Xavier Coller. Departamento de Sociología. Yale University y Universidad de Alicante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de abril de 1999