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Tribuna:

La lengua virtual

ROSA SOLBES Bancaixa, que últimamente ofrece agendas y convenios muy poco bilingües, acaba de dar a sus clientes la oportunidad de recibir sus comunicaciones en valenciano. Hay que solicitarlo, eso sí, cosa a la que procedo de inmediato. De primeras, me atienden en castellano, y... comentario ingenuo: "Oiga, ya resulta curioso que tengamos que pedirlo, cuando antes nadie nos había consultado". Amable respuesta: "Es que el valenciano hay muchos que no lo entienden...". Cuelgo, y averiguo que: 1) Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, un 10% de los habitantes de la Comunidad dicen no entender el valenciano, aunque sociolingüistas consideran que algunos encuestados son demasiado modestos, y que en realidad sí pueden traducir textos sencillos. 2) Mis fuentes aseguran que ignoran la lengua menos del 4%, incluyendo los territorios castellanos. Así que se conoce más el valenciano en el País idem que el francés en París, donde una décima parte de los habitantes aún no ha podido aprenderlo. Por tanto, volviendo a Bancaixa, parece razonable y financieramente correcto para reducir gastos de teléfono 900, que sólo quienes no entiendan el valenciano hayan de pedir, por favor, los documentos en la lengua de Cervantes. Más resbaladizo y deprimente se muestra el terreno de las percepciones sobre uso social, tan importantes por cuanto queda demostrado que éstas acaban influyendo en la realidad. El mismo sondeo concluye que menos de la mitad de los preguntados cree que la utilización de la lengua se incrementará en el próximo decenio. Por algo será, ya que hace cuatro años, en plena campaña del Diga bon dia y otros eslóganes ahora descaradamente copiados, los optimistas eran tres de cada cuatro. La multimillonaria operación propagandística que nos abruma se basa en el Clar que sí, y usa una lengua virtual emparedada entre fanfarronadas en "español" acerca de lo bien que nos va todo y lo estupendos que somos (¿adivinan gracias a quién?). Anteayer, Glòria Marcos se despedía de les Corts con una andanada final, poniendo a caldo al mismo patriótico Zaplana que ha "normalizado" celosamente el acento murciano. Sus argumentos : líneas educativas convertidas en guetos, censura de exposiciones, libros y profesores, falta de ayuda a publicaciones, editores y movimientos sociales, concesiones a la caverna... y un irrisorio presupuesto del 0,07 para promocionar la lengua. Ese mismo día logré averiguar donde diablos está el programa informático traductor al valenciano que elaboraron los propios servicios de la Conselleria de Cultura. ¿Ustedes lo han visto publicitado? ¿Alguien lo ha ofrecido a los profesionales, a los enseñantes, a la ciudadanía? ¿Cuál es su pecado para que se le esconda al fondo del armario? ¿Quizá que se trate de una propuesta sin faltas de ortografía? Aún no he podido visitarlo, pero el escondrijo cibernético es: www.cult.gva.es/soportegc/salt.htm. Con él podríamos evitar que los correctores de catalán, que sí invaden el mercado, nos indiquen flexiones verbales que jamás utilizaríamos o nos ofrezcan vocabularios llenos de barcelonismos. ¿No querían "valencianía"? ¿Por qué la condenan, entonces, a la más estéril clandestinidad mientras lanzan vergonzosas soflamas por el himno y el blau? En fin, felicidades a todos al final de la legislatura, incluyendo a quienes han tenido la brillante idea de excluir a Glòria, y a Jesús Huguet, y a Pascual Mollá del "paraíso" parlamentario. Entre todos, el futuro es nuestro. Anem a més. Cada vez me gustas más. Ja, ja, ja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de abril de 1999