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Los candidatos se suman a los 100.000 peregrinos que acuden a la Santa Faz

Sólo la tromba de agua que cayó sobre Alicante al mediodía frenó el flujo de peregrinos, ayer, al caserío de la Santa Faz, en cuyo monasterio se guarda el paño sagrado venerado desde hace siglos por los alicantinos. Desde las ocho de la mañana y hasta esa hora, más de 100.000 personas cumplieron con la tradición de recorrer a pie los más de seis kilómetros que separan la capital de la pedanía, ataviadas la mayoría con el típico blusón huertano, la pañoleta y la caña coronada con una rama de romero. La climatología acompañó a los peregrinos. La ausencia de sol hizo más llevadera la marcha de las dos romerías que cada año se organizan, la religiosa y la cívica, que se confunden desde su mismo arranque en pleno centro de la ciudad. La lluvia, sin embargo, frustró una completa jornada campestre, verdadero leitmotiv de la fiesta. La proliferación de cargos públicos y candidatos evidenció la cercanía de las elecciones autonómicas y locales del 13 de junio. Desde la corporación municipal casi al completo hasta el presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, acompañado por tres de sus consejeros (José Joaquín Ripoll, Manuel Tarancón y Diego Such), el candidato a la presidencia por el PSPV, Antonio Asunción, y el presidente de los regionalistas de UV, Héctor Villalba, pugnaban por hacerse hueco en ambas comitivas, materialmente rodeados de romeros y sujetos a un discreto dispositivo de seguridad. Retransmisiones televisivas en directo, decenas de cámaras fotográficas y reporteros incidieron en el éxito de la convocatoria de este año entre la clase política. Los más de 200 efectivos movilizados para controlar la seguridad de la marcha y la posterior estancia en el caserío de miles de personas superaron la prueba con normalidad. Lipotimias, cortes, picaduras, rozaduras e intoxicaciones etílicas mantuvieron en permanente actividad a voluntarios de Cruz Roja y Protección Civil, mientras los agentes policiales intentaban ponérselo difícil a los carteristas y rateros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de abril de 1999