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Un tribunal entona el "mea culpa"

El refranero, que es muy amplio, asegura que "equivocarse es de humanos", una traducción del latín errare humanum est, pero también recoge frases como "rectificar es de sabios". La Sección Segunda de la Audiencia de Barcelona, uno de los pocos ámbitos profesionales donde los latinajos todavía se utilizan, reconoce en una reciente resolución judicial que se ha equivocado, califica de "incongruente" una sentencia que dictó ese mismo tribunal e incluso admite sin reparos que es probable puede ser nula. Sin embargo, no enmienda la plana, tal y como le permite la ley, sino que insta al abogado que pidió explicaciones a que siga recurriendo a otras instancias judiciales para corregir la entuerto creado y así reconocido. El singular caso tiene su origen en una vulgar pelea a las puertas de una discoteca de Igualada. En esta ocasión, el juez declaró probado que los cuatro agresores actuaron por motivos racistas y agredieron a puñetazos y patadas a Ezili S. N. "sin otro motivo o causa aparente que no fuese la pertenencia del agredido a dicha raza [el agredido es negro]". Silvia M., una amiga del agredido que acudió en su ayuda, también fue golpeada y precisó 11 puntos de sutura al impactarle un vaso en la boca. Por la primera agresión el juzgado de lo penal número 2 de Barcelona condenó el pasado mes de julio a Víctor Manuel Luque Rodríguez y José Quesada López a seis y tres fines de semana de arresto, respectivamente, por una falta de lesiones "con la concurrencia de la circunstancia agravante de obrar por motivos racistas". Por la agresión contra la chica, les impuso sendas penas dos años y cuatro meses de cárcel por un delito de lesiones. Como suele ocurrir en estos casos, la sentencia no contentó a casi nadie y las partes recurrieron a la Audiencia de Barcelona, que acabó absolviendo a Quesada del delito de lesiones por falta de pruebas. Sin embargo, el abogado Jordi Galdeano, que ejerció la acusación particular en nombre de SOS Racisme, presentó un recurso de aclaración de esa sentencia por considerar que no se le daba respuesta a sus pretensiones y que no se le contestó a la concreta petición que realizaba para que el tribunal estimase también la agravante de actuación por motivos racistas en la agresión de la chica. Hasta aquí todo forma parte del llamado derecho de defensa, si bien en ese recurso, el letrado se dirigió al tribunal en términos muy duros, asegurando, entre otras cosas que vivía "de espaldas a la realidad social". Lo sorprendente, sin embargo, ha sido la respuesta de la Audiencia de Barcelona a ese recurso de aclaración. "Ciertamente, no se expresan -en la sentencia- los motivos por los cuales hace ningún pronunciamiento sobre el particular", afirma el tribunal de sí mismo para reconocer que no estudió la aplicación de ese agravante. Según los magistrados, su actuación está justificada porque la petición del abogado "excede claramente del ámbito de aclaración", aunque la misma Sala añade que eso no excluye que el abogado reclame la nulidad de la sentencia prevista por la ley "vista la parcial incongruencia de la resolución respecto a las pretensiones oportunamente formuladas". En base a ese claro reconocimiento del error en el que luego insisten los magistrados -"posible nulidad parcial por incongruencia"-, el abogado ha presentado un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional exigiendo el derecho a que se le dé respuesta a sus pretensiones. Diversas fuentes judiciales coincidieron en la singularidad de este entuerto judicial. Un magistrado de la Audiencia de Barcelona va incluso más allá y asegura que sus compañeros "se han equivocado dos veces". En su opinión, lo hicieron cuando no respondieron a lo que les exigía el abogado, y después, cuando no rectificaron y aclararon su omisión. La Ley Orgánica del Poder Judicial deja bien claro que un mismo tribunal no puede modificar la sentencia que haya dictado, pero sí permite "aclarar algún concepto oscuro o suplir cualquier omisión que contenga". En este caso, parece que se optó por el camino más fácil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de marzo de 1999