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Crítica:

Álex de la Iglesia da una visión esperpéntica de la transición española en "Muertos de risa"

Santiago Segura y El Gran Wyoming interpretan a una pareja de humoristas de los setenta

De la España de Nino Bravo, José María Íñigo, la calabaza Ruperta y el mentalista israelí Uri Geller a la del príncipe Felipe encabezando la delegación de los Juegos Olímpicos de 1992. Muertos de risa narra a través del tiempo la relación de odio y envidia de una pareja de humoristas (Nino y Bruno) que triunfan en la España de los setenta. Una película "grotesca y exagerada, pero con grandes dosis de realidad", según su director, Álex de la Iglesia, que, a través del espejo de la televisión, da una visión esperpéntica "de la realidad ficticia que se vivió durante la transición". Interpretado por Santiago Segura y El Gran Wyoming, el filme se estrena el próximo día 12

Acompañado por los principales actores de Muertos de risa (Santiago Segura, El Gran Wyoming, Álex Angulo y Carla Hidalgo) y por el productor del filme, Andrés Vicente Gómez, Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) presentó ayer en Madrid su cuarta película, un proyecto que, según explicó, se le ocurrió cuando viajaba en un taxi camino del aeropuerto. "Era una idea de hace tiempo, pero cuando se me ocurrió el título en un taxi fue cuando vi definitivamente clara la película".La historia de una pareja de humoristas (uno tonto y otro listo que basa su gracia en la constante humillación de su compañero) centra una película en la que se mezcla el drama del payaso tonto que retrató Leonid Andreiev en El que recibe las bofetadas con las bambalinas del Un, dos, tres. Una tragicomedia en la que el director de El día de la bestia y Perdita Durango asegura que no ha querido moralizar: "La historia debe hablar por sí misma; si existe una moraleja, que no lo sé, entonces debe estar en la propia historia, y no en mi intención previa de moralizar". "Los mejores chistes son los que nunca acaban", añadió el cineasta, "es peligroso cerrar un chiste. Y a la película le ocurre un poco esto; es mejor que cada uno la termine como quiera".

Con un presupuesto de 530 millones de pesetas y con 190 copias para su estreno en toda España, Muertos de risa retrata el estado paranoico obsesivo de una pareja que, al estilo de La guerra de los Rose, vive para la destrucción del otro.

Historias reales

"La película no está basada en ninguna historia real", explicó ayer De la Iglesia, que añadió: "Pero la realidad siempre supera a la ficción, y tras escribir el guión[redactado con su habitual colaborador, Jorge Guerricaechevarría] nos enteramos de historias reales de envidias y celos entre parejas de humoristas mucho más increíbles que la nuestra. Creo que incluso nos hemos quedado cortos, porque nos enteramos de cosas que jamás podrían contarse en una pantalla", continuó el director, que recordó que durante el rodaje se le acercó un día el humorista Manuel Codeso preguntándole si su compañero Alfonso Lusson le había sugerido la anécdota de los calcetines sucios que nunca se quita Santiago Segura (Nino) y que son su amuleto de la suerte. "Codeso me dijo que Lusson le acusaba siempre de llevar los mismos calcetines y pensó que yo lo había sacado de ahí para el personaje, algo que era absolutamente falso".

De la Iglesia, que para su filme ha reunido a una larga lista de caras conocidas de la televisión que aparecen a lo largo de la película, aseguró ayer que ha sido en la dirección de actores donde ha volcado su mayor esfuerzo.

Santiago Segura recordó las 178 bofetadas que recibió a lo largo del rodaje -"porque Álex, que es un director genial y, por lo tanto, excesivo, no quería una bofetada, sino la bofetada", señaló el actor- y El Gran Wyoming insistió en que su papel explota su "magnetismo y atractivo físico". De la Iglesia destacó que los dos actores, curtidos en la televisión, han llevado sus interpretaciones más allá de los pantalones de campana y las patillas con los que están caracterizados.

"Esta película, que habla de unos humoristas que no llevan precisamente una vida de rosas, retrata una vida dura, porque creo que la vida, en general, es dura, y no romántica", añadió el director, para quien la televisión es la plataforma perfecta para sus dos personajes: "Tengo una relación de amor-odio con la televisión, porque hay muchas cosas que me gustan, aunque se emitan a las tres de la madrugada, junto a otras que no soporto. Pero la televisión me interesaba porque es el medio donde nacen estos personajes que viven la falsa realidad de una fama que se multiplica por 100 de la noche a la mañana".

Las cucharas de Uri Geller

Álex de la Iglesia ha reconstruido para su película Muertos de risa la entrevista que José María Íñigo realizó en los años setenta al mentalista israelí Uri Geller para su programa Directísimo. De la Iglesia recuperó a los dos -Geller incluso ahora quiere que el director bilbaíno escriba su biografía- para la reconstrucción de aquel momento de la historia de la televisión en España."Directísimo era un gran programa donde nadie se reía de los entrevistados y nadie les interrumpía cuando hablaban, como ocurre ahora en algunos programas", afirmó el director de Muertos de risa, cuyos intérpretes aseguraron ayer que no han olvidado la noche en que Geller ("un farsante", según De la Iglesia, "pero un farsante extraordinario, porque lo interesante no es que tenga poderes o no, sino que se los hace creer a todo el mundo") dobló las cucharas y paró los relojes en un programa que vieron millones de españoles. "La copia original del programa ha desaparecido, y por eso, ahora, lo más cercano a aquella noche que existe es nuestra película".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 1999

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