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El Museo de Artes Populares se instalará en el corazón de Lavapiés

Madrid también sabe de tradiciones. Modernos y urbanitas se encontrarán en el epicentro del barrio más castizo, Lavapiés, con una colección de más de 5.000 piezas históricas matritenses recopiladas con esmero por una profesora universitaria de Tradiciones Populares, Guadalupe González Hontoria. El Ayuntamiento de Madrid ya ha elaborado el proyecto arquitectónico para transformar una destartalada corrala de la calle de Carlos Arniches en todo un Museo de Artes y Tradiciones Populares.

De momento, este conjunto de trajes regionales, sillas parteras, cunas de sabor añejo y objetos relacionados con todo tipo de jolgorios populares se apiña en media docena de aulas de la Universidad Autónoma de Madrid, por lo que sigue siendo un perfecto desconocido para el público. La disponibilidad de espacio es muy reducida y el campus de Cantoblanco se encuentra a 12 kilómetros de la capital, de modo que casi todos los visitantes de la muestra provienen de grupos escolares. A partir de finales del año que viene, nostálgicos, estudiosos, buscadores de lo genuino y curiosos en general tendrán mucho más sencillo disfrutar de un recorrido por el mundo de nuestros tatarabuelos. Y todo ello, en un lugar muy indicado: el Madrid del Rastro.La transformación de la ruinosa corrala en flamante museo le costará al Ayuntamiento de Madrid 525 millones de pesetas. El proyecto se enmarca en la operación de rehabilitación de Lavapiés, un enérgico lavado de cara a uno de los barrios más descuidados de la ciudad. La administración se ha convencido de que para reflotar esta zona no bastaba con mejorar calles y viviendas, por lo que ha introducido cuatro referencias culturales: la sede de la Universidad a Distancia (UNED) en la calle de Argumosa, la ampliación de la Sala Olimpia, un circo estable para la ronda de Atocha y el Museo de Artes Populares, en los números 3 y 5 de la calle de Carlos Arniches.

El diseño arquitectónico que maneja la Gerencia Municipal de Urbanismo prevé el respeto absoluto de la estructura original, de manera que el patio central conserve su atractivo y sirva como singular escenario para exposiciones al aire libre. Por lo demás, habrá dos plantas, entreplanta y sótano, en el que destacan los talleres de restauración de piezas dañadas y, justo debajo del patio, un salón de actos con 200 butacas.

El grueso de la exposición permanente se concentrará en la planta baja y en la primera. Sin embargo, la entreplanta también cuenta con unos pocos metros cuadrados para acomodar exposiciones temporales y una pequeña biblioteca sobre temas madrileños. Al final, la colección particular de la profesora González Hontoria ("he recorrido dos millones de kilómetros buscando fondos", ha dicho en alguna ocasión) encontrará buen acomodo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de febrero de 1999

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