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TRIBUNA

El problema de dos equipos sin trazo definido

Algo se mueve en el fútbol español. O eso parece. La hegemonía Real Madrid-Barcelona se ha puesto en cuestión esta temporada. En los últimos 13 años, madridistas y barcelonistas se han repartido todos los títulos, con la excepción del obtenido por el Atlético de Madrid en 1996. Acostumbrados a una vieja situación de duopolio, causa extrañeza la deficiente trayectoria de ambos equipos en el actual campeonato.Aunque la mayoría de los equipos españoles han aprovechado el dinero de la televisión para forjar plantillas competentes, resulta extraña la dificultad de las dos grandes instituciones del fútbol español para abrir brecha precisamente en estos momentos. El Madrid y el Barcelona disponen de varios de los mejores jugadores del mundo. En el Madrid hay siete nominados para el Balón de Oro. El Barcelona quizá es el único club del mundo que puede contratar a Rivaldo (4.500 millones de pesetas) y a Kluivert (2.300 millones) para completar a última hora una ostentosa plantilla. Quizá en esta política excesiva y anárquica se encuentra el temible virus que habita en el Barça y, en menor medida, en el Real Madrid.

El problema de los equipos no está en la calidad de sus jugadores, contrastada en mil batallas. Se puede discutir si una u otra plantilla está suficientemente compensada (la carencia de defensas de garantías en el Barça es indiscutible), pero esa circunstancia no explica las dificultades para competir con equipos que sufren mayores desequilibrios.

No se debe descartar la responsabilidad de los futbolistas en la deficiente trayectoria del Real Madrid y Barcelona, ni tampoco el peso del excesivo número de competiciones que deben afrontar sus mejores jugadores, pero el principal defecto apunta a la ausencia de un criterio, de un modelo estable, de una mano que ajuste las piezas con sensatez y decisión.

Si algo dice la clasificación es que Mallorca, Deportivo, Celta y Valencia (los cuatros primeros del campeonato) saben a qué juegan. Cada uno en su estilo. El ordenado y hermético Mallorca; el contragolpeador Valencia; el sedoso Celta; el equilibrado Deportivo. Todos son hijos de un concepto que les hace reconocibles. Pero, ¿en qué que se reconoce al Madrid y al Barcelona? En su falta de criterio, de un trazo visible, de dos entrenadores capaces de articular a sus equipos en torno a una idea.

De Van Gaal se ha dicho todo. Y casi nada bueno. Pero Hiddink no le mejora. En el aspecto táctico ha practicado todos los sistemas, siempre de manera improvisada, empujado por los acontecimientos. Parece evidente que a Hiddink le falta un discurso. En lo práctico tampoco funciona. Ninguna de sus decisiones ha alterado favorablemente los partidos en crisis. Peor aún, si algo ha quedado claro es su dificultad para tomar decisiones. En la mayoría de las ocasiones parece un hombre paralizado, sin capacidad para leer los partidos y aprovechar los abundantes recursos de su plantilla. Es decir, un hombre superado por las circunstancias. Más o menos, como Van Gaal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de diciembre de 1998