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Editorial:

El vaivén del AVE

EL GOBIERNO irá el próximo fin de semana a la cumbre bilateral con Francia, que se celebrará en La Rochelle, sin haber hecho los deberes. Para el pasado 30 de junio debía haber nombrado a los siete representantes españoles de la comisión intergubernamental que tiene que dar el visto bueno al enlace del tren de alta velocidad (AVE) entre los dos países por La Jonquera (Girona) a través de un túnel pirenaico. La comisión debía constituirse y reunirse antes de la cumbre hispano-francesa, pero la escasa diligencia del Ministerio de Fomento lo ha impedido.El enlace del AVE entre España y Francia, previsto para el año 2004, interesa a las regiones vecinas francesas y españolas, que lo consideran una oportunidad para el desarrollo de sus territorios y para la integración económica transfronteriza. Para Barcelona, el enlace con el ancho europeo y con la alta velocidad es una necesidad en sus proyectos de consolidación como gran nudo portuario y aeroportuario del sur de Europa. La extensión de la alta velocidad francesa hacia la península Ibérica es también una oportunidad para el reequilibrio territorial de Francia, actualmente orientada hacia el Norte y el Este. También es una oportunidad para el conjunto de España, que por primera vez puede salir de la autarquía ferroviaria peninsular.

Pero el ministro de Fomento, Rafael Arias-Salgado, parece contemplar las cosas bajo otro prisma, mucho más circunstancial. En escasos días ha declarado la imposibilidad de que el enlace con Francia se produzca antes del 2006 o el 2007, ha culpado del retraso a la pereza francesa, ha intentado apaciguar a los catalanes garantizando el enlace entre Madrid y Barcelona para el 2004 y finalmente se ha visto obligado a acogerse a su compromiso inicial de completar el enlace Madrid-Barcelona-La Jonquera para el 2004. Sus indecisiones han alimentado las suspicacias del Ayuntamiento barcelonés y de los socios nacionalistas del PP, que contemplan los retrasos como una doble oportunidad para el Gobierno: ahorrar inversión pública en Cataluña y seguir en un concepto centralista de comunicaciones radiales desde Madrid. En cuestión de alta velocidad ferroviaria, Fomento tiene un concepto de España caduco. Lo más extraño es que CiU, siempre tan exigente, admita unos devaneos que pueden retrasar la conexión de la red española con la europea y poner en juego la capacidad competitiva de España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de noviembre de 1998