Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El director británico Jake West ofrece una visión revisionista del cine de vampiros

Grandes dosis de sangre, sexo y violencia. Ésta es, en síntesis, la propuesta del realizador británico Jake West, un autor de 28 años que hoy estrena su primer largometraje en España dentro de la novena Semana de Cine Fantástico y de Terror, que se celebra en San Sebastián. Razor blade smile se adentra en el mundo de los vampiros con una visión que rompe con la mayoría de las tradiciones que se han convertido casi en canónicas en este subgénero cinematográfico. Para empezar, su protagonista es una mujer.

Jake West plantea en Razor blade smile una interpretación revisionista del mundo de los vampiros. "La película se ríe bastante de todas las tradiciones que supuestamente existen sobre este mito; sobre el hecho de que no pueden ver cruces o que no soportan el ajo". West destruye en su película dichas tradiciones. A cambio, propone unos vampiros que él mismo define como "muy físicos", que se regeneran bebiendo sangre, pero sólo mueren si son decapitados, y no por la tradicional estaca clavada en el corazón. El realizador llegó a San Sebastián acompañado de la actriz Eileen Daly, que se presentó muy en su papel: vestida como la peligrosa vampiresa a la que da vida. En todo caso, para evitar posibles equívocos aclaró: "Lilith Silver es un personaje muy distinto a mí, no sólo porque mata a gente, sino porque es una mujer muy caliente y calculadora, aunque también tiene puntos débiles". Razor blade smile se estrenó el pasado viernes en Londres. Su pase, dentro de la denominada Noche del Terror de este festival cinematográfico, la más salvaje de todas, supone su primera proyección en España. Este largometraje, el primero que dirige, escribe y coproduce Jake West, representa una evolución lógica del trabajo cinematográfico que inició este realizador con varios cortometrajes. Financiación Para su realización West se lanzó al vacío de cabeza. No tenía dinero suficiente para producir la película y ninguna idea de cómo conseguir la financiación. De hecho, el joven director británico tuvo que poner dinero de su propio bolsillo para producir el filme. El presupuesto global de la obra, tras la entrada en el proyecto de la compañía Palm Pictures/ Manga Entertainment, rondó los 50 millones de pesetas. Pero West se las apañó para lograr que otra productora les cediera cámaras para el rodaje y que Kodak les vendiera la mitad de la película que necesitaban a mitad de precio y les regalara la otra mitad. Por la restricción del presupuesto, el director decidió invertir el escaso dinero del que disponían en cosas que pudieran verse en la pantalla. Reconoce que se dejó mucho en vestuario. El filme se rodó íntegramente en el invierno de 1996 en lugares cercanos a Londres, la capital de un país, dice West en el que "nadie ha realizado una película de vampiros como Dios manda en diez años". "Mi película", afirma, "contiene todos los elementos que siempre he amado del mundo de los vampiros: sangre, sexo, violencia y una estética muy fuerte. Todo esto mezclado con un cóctel de acción, fetichismo y humor negro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de noviembre de 1998

Más información

  • Su película mezcla sangre, sexo y violencia con humor negro