Monjardín, ruinas y leyendas
La mole abrupta de Montejurra (1.044 metros), montaña sagrada del carlismo que se enseñorea de toda la Tierra Estella, tiene al lado el contrapunto airoso de Monjardín (849 metros), un pináculo pronunciado cuya esbeltez de líneas incita a pensar que hay veces en que la naturaleza hace cuanto puede por imitar los caprichos paisajísticos de pintores renacentistas. En la cumbre de Monjardín (Mons Garzin, el monte de Garcés) anidan ruinas y leyendas. La cumbre, con su castillo a punto de ser borrado por la maleza y unos horizontes en los que se posan las calimas de las sierras limítrofes, compone un escenario propio de las melancolías románticas. A su pie se extienden las tierras rojizas del valle de Santesteban de la Solana, hoy cubiertas de viñedos de aire californiano, donde se crían vinos con procedimientos bordeleses. A ocho kilómetros de Estella, en dirección a Logroño, se encuentra Villamayor de Monjardín,que hasta principios de este siglo fue conocida como Villamayor de Santesteban o de Deyo. La comarca debió de ser romanizada hacia el siglo IV y hay constancia documental de su denominación latina: Degium. El municipio romano de Deyo abarcaba desde las estribaciones de la sierra de Urbasa hasta Montejurra, pasando por el curso medio del río Ega. Es a partir del siglo IX cuando la historia del monte que guarda a Villamayor empieza a mezclarse con la leyenda. Dicen las crónicas que los robustos muros de sillería del castillo de Monjardín fueron bastión moro muy principal, gobernado por los Abu Qasi. Cuentan que Sancho Garcés obtuvo allí una de sus más gloriosas victorias y arrebató Deyo a los musulmanes. Las versiones sobre si el monarca pamplonés (al igual que su hijo, García Sánchez I) permanece enterrado en el lugar son contradictorias. Todavía más legendaria, según la crónica de Turpin, fue la victoria que Carlomagno, tras el asedio de Pamplona, obtuvo en el Mons Garzin frente a un insurgente caudillo navarro llamado Furro. El tal Furro, antes que rendirse al emperador, prefirió aliarse con el mismo diablo sarraceno y no cedió la plaza hasta que el campo de batalla quedó bañado por la sangre de tres mil moros y navarros, incluida la suya. Resistir al duque Lo que se sabe como cierto es que, durante las discordias civiles de la Edad Media, Deyo tomó el partido de Agramont frente a los banderizos de Beaumont. Monjardín fue una de las contadas plazas militares que se aprestaron en 1512 a resistir la imparable avanzada que el duque de Alba había iniciado en Salvatierra de Alava. Sin embargo, el duque, comandante de una tropa de 15.000 hombres, no quiso hacer a los resistentes el favor de desviarse de su camino para reducirlos. Con clara visión estratégica, y pensando sobre todo en su próximo dominio político, el de Alba dejó de lado Monjardín, pasó de largo y siguió su paseo triunfal hacia la capital navarra, donde entró pocos días después para empezar a firmar decretos. Con el duque de Alba entró en Pamplona el conde de Lerín, cuya intención era recuperar los señoríos que le habían sido arrebatados con anterioridad. Monjardín pasó a ser dominio del de Lerín y, gracias a eso, el baluarte fortificado se salvó de las demoliciones de castillos ordenadas en 1516 y 1521. Luego, por enlace matrimonial, la fortaleza pasó a ser propiedad de la casa de Alba. Pese a salvarse de la quema, el castillo no pudo resistir el abandono de siglos venideros. Cuando en las nuevas contiendas civiles del siglo pasado los carlistas escogieron la mole de Montejurra como montaña totémica, no olvidaron cubrir el flanco de Monjardín. Para ello hubieron de rehacer como pudieron la fortificación. Las fuerzas allí atrincheradas esperaron en balde al enemigo, que al igual que el duque eligió para batallar objetivos militares de mayor consideración, como la misma montaña madre, Montejurra. Carlos VII, después de pronunciar su célebre e incumplida promesa de volver, honró a Atilano Fernández Negrete, coronel de su tropa, con el título de conde de Monjardín. En la cumbre del monte, entre las ruinas y la maleza creciente, se sostiene todavía hoy la ermita de San Esteban de Deyo o de la Santa Cruz de Monjardín, erigida a finales del siglo XVI y reformada con posterioridad. La cruz, guardada en la iglesia de Villamayor, es una pieza valiosa de la orfebrería románica navarra. Asimismo, la iglesia de la villa, de una nave única, muy espaciosa y coronada por una torre plateresca, es un exponente valioso del románico rural que, debido a la pujanza del Camino de Santiago en los siglos XII y XIII, jalona la ruta jacobea a su paso por Tierra Estella. En las calles del pueblo destacan algunas casas blasonadas con escudos de armas barrocos. A las afueras de Villamayor de Monjardín, a unos 300 metros, se encuentra una curiosidad del románico tardío: la fuente de los moros, un aljibe cuya construcción se fecha hacia el 1200 y al que se accede por una fachada de doble arco, desde la que desciende hacia el agua una amplia escalinata. La techumbre de la fuente fue reconstruida recientemente, respetando la apariencia que debió de tener en el pasado. Las tierras rojas La fuente de los moros linda con los nuevos viñedos que cubren las tierras rojas de Santesteban de la Solana y están dado fama renovada a los predios de Monjardín. Tradicionalmente, las tierras rojas de la merindad de Estella, no muy lejanas a las viñas de denominación riojana que empiezan a extenderse más allá de las cinco villas de Los Arcos, habían sido propicias al cultivo del olivo y la vid, pero de un tiempo a esta parte se ensaya con éxito, con cepas nuevas y procedimientos actuales de cultivo, la crianza de algunos vinos blancos y tintos que han cosechado reconocimiento internacional. Al pie del viejo pueblo de Villamayor se encuentran ahora, abiertas al público, las bodegas renovadas que llevan el nombre del histórico y legendario castillo de la cumbre. Los chardonnays del lugar, hechos de uvas vendimiadas a la noche o al amanecer, fermentados y envejecidos en barricas de roble hendido, ganan día a día prestigio, así como sus tintos jóvenes. Desde Villamayor de Monjardín, a pie, por un camino de tierra, se alcanza lo alto del castillo en media hora. Allí, en días despejados, la vista alcanza hasta los confines de las sierras de Urbasa y Andía por el norte, y da a las de Lóquiz y Codés por el Oeste. La mole escarpada de Montejurra queda justo enfrente, al este.La montaña que domina Tierra Estella conserva las ruuinas de la fortaleza de Sancho Garcés y los viñedos.
Datos prácticos
Cómo llegar: Villamayor de Monjardín se halla a ocho kilómetros de Estella, en dirección a Logroño, en un ramal de carretera que sale de la N-111, entre Azqueta y Urbiola. Desde Vitoria se puede llegar a Estella o Irache por la N-132 y desde allí tomar la 111 en dirección a Logroño. Dónde comer: Las bodegas Castillo de Monjardín, a la entrada de Villamayor, disponen de un restaurante (tfno. 948 537589) que abre desde las 13.00 a las 16.00 y donde se sirven los vinos de la casa. En el complejo de Irache se encuentran el asador-sidrería y el bodegón del hotel (948 551150). Alojamiento: El hotel Irache, situado en el término municipal de Ayegui, a 2 kilómetros de Estella, ofrece distintas modalidades de alojamiento individual o por grupos (948 551150). Compras: Las bodegas Castillo de Monjardín (948 537412) despachan sus propios vinos al público en horario de mañana (de 10.00 a 11.30) y tarde (de 13.30 a 19.00) los días laborables.
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