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"Sólo puedo comunicarme con mis hijas por signos"

José Ramón es sordo de nacimiento. Su mujer, Celia Díaz, también. Y sus dos hijas, Paula y Leticia, de siete y ocho años, también. No oyen nada de nada. Viven en Oviedo, donde actualmente no hay ningún colegio específico para niños sordos. Las niñas han aprendido la lengua de signos en casa. Tenía que ser su primera lengua necesariamente."Las niñas van a un colegio de oyentes", explica este padre. "Mi mujer y yo las hemos enseñado el lenguaje de signos porque sólo podemos comunicarnos con ellas de esa forma". Paula estudia tercero de primaria y ha aprendido a reproducir algunos sonidos. Dice que habla con sus compañeros de clase como puede, pero que se producen muchos errores. Sin embargo, según explica, no tiene las mismas dificultades con todos los niños: "Mi amiga Pilar me entiende mejor y ha dicho que quiere aprender el lenguaje de signos". A sus padres les gustaría que fueran a un colegio bilingüe: "Sería la mejor educación que pudieran recibir para preparse para el futuro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de septiembre de 1998

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