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Crítica:FLAMENCO

Remedios Amaya, en la onda comercial

José de la Tomasa dio su lección de cante en la noche inaugural de la XXXVIII edición del Festival Nacional del Cante de las Minas. Cantó con poderío, como él sabe hacerlo cuando se entrega a su arte con convicción y sentimiento. José de la Tomasa es uno de esos artistas que tienen fe en la bondad de lo que hacen, y capacidad para transmitirlo con rigurosa fidelidad al espíritu que define cada estilo.La malagueña del Mellizo, bulerías por soleá, fandangos, siguiriyas, bulerías y tangos sirvieron al de la Tomasa para dar, una vez más, la imagen de cantaor íntegro que no hace concesiones a lo fácil ni a nada que pueda ser vehículo de transmisión comercial o vulgarizadora. José de la Tomasa desentraña, en cada cante, toda una teoría de lo que es el flamenco de buena ley, de la mejor ley en una ortodoxa concepción de lo jondo. Grandeza, jondura, pasión, el cante de José de la Tomasa, una vez más, fue definitivo, sin concesiones a lo comercial y mostrando lo mejor de su arte sobre el escenario.

Festival del Cante de las Minas

Guitarra: Juan Manuel Cañizares; Cante: José de la Tomasa y Remedios Amaya; Toque: Miguel Ángel Cortés; Baile: Joaquín Grilo.Catedral del Cante, 9 de agosto. La Unión (Murcia)

Triunfo más comercial

Triunfó también Remedios Amaya, pero en otro plano. La cantaora trianera vive un momento dulce de su carrera. Cuenta con un público incondicional que la jalea constantemente en cada actuación y la arropa con cálido entusiasmo. Su último disco se sigue vendiendo como rosquillas, pero es un disco que para nosotros tiene el aspecto negativo de que ha lanzado a la cantaora, quizá decisivamente, por un camino comercial y más fácil del habitual en ella, y que tanto nos gusta.Es evidente que, en esta nueva faceta, Remedios Amaya accede a públicos muy amplios y, con seguridad, menos exigentes, pero lo es también que la cantaora recuperó, gracias al cante jondo, una popularidad que había perdido a raíz del fiasco que supuso su actuación en el Festival de Eurovisión. Diría que estamos asistiendo a una operación bastante parecida a aquélla, y sería lamentable que la Amaya tropezara dos veces en la misma piedra. Alcanzar el éxito por partida doble, como ella ha conseguido, es casi imposible; tener que perseguirlo una tercera vez, si llegara el caso, sería ya buscar la utopía.

Cañizares hizo un concierto brillante de su música. No sólo la de su reciente disco, Imán y Luna, sino también de trabajos anteriores como la minera de la película La Lola se va a los Puertos. Concierto con excesivo número de temas rítmicos pero enormemente efectivo y comunicador.

En cuanto a Joaquín Grilo, insistió en su conocida tendencia a prolongar en extremo los bailes; tiene garra y fuerza, pero tendría que medirse más en la interpretación gestual de la danza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de agosto de 1998