Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Imperio

Ante el espectáculo del imperio bombardeado en un lugar de la Tierra maldito desde los tiempos en que Cam se burló de su padre, cerrad los ojos ante el horror y considerad hasta qué punto las autopistas de la información sirven para que los infieles se enteren del turbio asunto del vestido incorrupto de Mónica Lewinsky y se decidan a actuar en un momento de desconcierto moral del emperador y sus súbditos. Cuando todos los pusilánimes de la aldea global temían que los restos biológicos del vestido de la becaria germinarán en un inmediato bombardeo de Irak, ha sido el enemigo islámico, un enemigo de diseño, quien ha pasado al ataque sin importarle otro resultado que una carnicería retransmitida por la CNN con ese tono neutral con que la CNN ha conseguido verdades a la medida de hoteles cuatro, cinco estrellas. Que no desfallezcan todos aquellos educados en la moral o, en su defecto, en la gravedad de la historia, porque si Las Vegas se ha convertido en el prototipo de la belleza posmoderna, lo grave o lo inmoral de esta historia no radica en el hecho de que el presidente hiciera uso de becaria o que la sagaz geisha le enviara los restos del festín a su madre para sacarles algún día una pasta gansa, sino en que el presidente perjurara, como hubiera perjurado cualquiera ante la pregunta: Oiga, ¿usted ha percibido en su propio hijo predilecto, ese que no siempre quiere crecer, una fellatio de no te menees, una de esas fellatio que te paralizan como un reloj blando daliniano? ¿Quién, yo? ¡Jamás! Yo y usted hubiéramos contestado lo mismo, es más, reconozcámoslo, siempre hemos contestado lo mismo. Pero a los de la metrópoli les encanta hacer análisis de perjurios biológicos presidenciales y autopsias de los corderos de Dios que quitan los pecados del mundo. Son los que mandan. Con que, a joderse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de agosto de 1998