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Muere el magistrado del Supremo Ramón Montero a los 67 años

El magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo Ramón Montero falleció ayer tras sufrir una larga enfermedad. Montero participó en las deliberaciones de algunas cuestiones previas al juicio oral por el caso Marey, como la no comparecencia como imputado del ex presidente del Gobierno Felipe González, pero no pudo estar en en la vista oral. También participó en los juicios a la Mesa de HB y por el caso Filesa.

Ramón Montero Fernández-Cid falleció poco antes de las siete de la mañana de ayer en su domicilio de Alcala de Henares (Madrid). Había ingresado en la carrera judicial en 1957, ejerciendo como juez en Corcubión, Negreira, Figueras, Arzúa, Órdenes y Tortosa. En 1971 ascendió a la categoría de magistrado y desempeñó sus funciones en Alicante, Palma de Mallorca y en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, hasta que en 1986 fue elegido magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo.En Palma de Mallorca coincidió con el actual presidente de la Audiencia Nacional, Clemente Auger, y el fiscal Miguel Miravet, y se vinculó al sector más progresista de la justicia española.

Montero participó en las deliberaciones de algunas cuestiones previas a la vista oral del juicio por el caso Marey, como aquella de noviembre de 1996 en la que se decidió que el expresidente del Gobierno Felipe González compareciera sólo como testigo y no como imputado. Después fue el único que optó, junto al actual presidente de la Sala Segunda, José Jiménez Villarejo, a encabezar ese tribunal, en sustitución de José Augusto de Vega, al jubilarse en octubre del año pasado.

Una de las decisiones más polémicas que tomó durante su carrera fue la absolución de los políticos de Herri Batasuna que alteraron el orden durante la visita del rey de Juan Carlos a Gernika (Vizcaya) en 1981, resolución de la que fue ponente y en la que consideró que la actuación de los acusados de injurias al Rey podía ser "interpretables de otra manera".

Los magistrados de la Sala Segunda del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín, Gregorio García Ancos y Joaquín Martín Canivell, tras visitar ayer la capilla ardiente de Montero, lamentaron la "gran pérdida" que supone la muerte de su compañero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de agosto de 1998

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