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GENTE

BRINDIS AMARGO

El sueño de Claes Berg Vall, especialista sueco en rescate de barcos hundidos (ver Gente del 7 y 9 de julio) y Peter Lindberg, que dirige una empresa de buzos, de brindar con champaña extraído del fondo del mar, por su condición de nuevos millonarios, se transformó en un brindis de amargura cuando el pasado sábado el galeón sueco Jönköping, hundido en 1916, fue izado a la superficie. Los 40.000 litros de coñac almacenados en barriles, que constituían el principal sostén de las esperanzas de los financieros del proyecto, lejos de haber mejorado con el tiempo, se habían impregnado de agua salada y el resultado fue una mezcla maloliente que agredió el olfato de los que aguardaban desde hace 20 días, periodistas de todo el mundo incluidos, el histórico momento. El rostro de Claes Berg Vall cuando intentó paladear el primer sorbo del coñac fue el más claro testimonio de que la aventura había terminado en catástrofe. El corcho de la mayoría de las botellas de champaña Heidsieck Monopol se había estropeado en su contacto con el agua de mar y el contenido estaba inservible. Las que mantenían buenas condiciones denotaron lo que ya habían señalado algunos expertos, que el gusto del champaña era demasiado dulce. Ni siquiera el estado del galeón, que podía haber contribuido al éxito financiero de la operación, convirtiéndolo en una suerte de museo, ofrece garantías suficientes de que así sea. Los cálculos más optimistas dicen que en vez de los 1.000 millones de coronas (casi 19.000 millones de pesetas) de ganancias que los autores del proyecto habían calculado, si obtienen lo suficiente para pagar la inversión de la aventura se pueden dar por satisfechos. El mar, siempre se ha dicho, es traicionero.-

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