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Un ataque de los jemeres rojos empaña la masiva votación en las elecciones de Camboya

Un sangriento ataque de la guerrilla de los jemeres rojos, la misma que hace 20 años implantó en Camboya el régimen genocida de Pol Pot, empañó ayer una votación marcada por la masiva afluencia ciudadana a las urnas, con una participación superior al 70%, según los primeros informes oficiales difundidos en Phnom Penh. La incursión de los jemeres rojos en una aldea del norte del país, en la que murieron 10 personas, fue el único incidente destacado por los observadores internacionales en los primeros comicios generales pluralistas que se celebran en Camboya en 30 años sin tutela exterior.

Las autoridades electorales camboyanas aseguraron que las votaciones se habían desarrollado "de forma satisfactoria" en todo el país, excepto en la aldea de O Kong Vinh, en las proximidades de Anlong Veng (norte), donde un grupo de entre 30 y 40 guerrilleros de los jemeres rojos intentó sabotear los comicios en una zona que fue su antiguo cuartel hasta hace cuatro meses, cuando el Ejército les expulsó al otro lado de la frontera tailandesa. El ataque, en el que murieron dos soldados, siete civiles y uno de los guerrilleros, se produjo a primera hora de la mañana, poco antes de la apertura de los colegios electorales. El Comité Electoral Nacional precisó que la incursión no impidió que se desarrollara "con normalidad" la votación en esa región.Pero los camboyanos parecieron apostar ayer por ofrecer al mundo una imagen de estabilidad en las primeras elecciones que organizan por sí mismos -hace cinco años, los comicios generales contaron con la supervisión de 16.000 cascos azules de la ONU-, apenas un año después del golpe de Estado en el que el coprimer ministro Hun Sen expulsó del poder al príncipe Norodom Ranariddh. La Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Asean) bloqueó la adhesión de Camboya, y la consiguiente entrega de ayuda económica, tras la interrupción del proceso democrático.

La participación en numerosos colegios electorales de la capital superó el 90%, según comprobaron los corresponsales internacionales. La Comisión Electoral Nacional advirtió anoche que aún era pronto para facilitar una tasa de participación, aunque sus responsables aseguraron que en la mayoría del país osciló entre el 70% y el 80%, ligeramente inferior a la de los comicios de 1993. El escrutinio de los votos se efectuará hoy, y la proclamación oficial de los resultados no será anunciada hasta el sábado, aunque está previsto que sean facilitados datos oficiosos a partir de esta noche o mañana.

Los partidos de la oposición reconocieron que, aparte de algunos fallos de organización en algunos colegios, apenas observaron irregularidades, aunque advirtieron que temen que puedan surgir problemas durante el recuento. Los 500 observadores internacionales desplegados en Camboya destacaron también la normalidad con la que se desarrollaron las elecciones.

El primer ministro, Hun Sen, que intenta legitimar en las urnas su toma del poder, aseguró que, si el Partido del Pueblo de Camboya (PPC), que él lidera, pierde,cederá el Gobierno "en menos de cinco horas". Su rival en las urnas, el príncipe Ranariddh, hijo del rey Sihanuk, expresó ayer su confianza en que el alto índice de participación contribuya a la victoria de su formación política, el Frente de Unidad Nacional para una Camboya Independiente, Neutral, Pacífica y Cooperativa (Funcinpec). Tan sólo el partido del independiente y exministro de Finanzas Sam Rainsy denunció irregularidades en varias circunscripciones.

Previsiblemente, ninguno de estos tres grandes partidos alcanzará la mayoría de dos tercios de los votos en la Asamblea Nacional (con un total de 122 escaños) que la Constitución exige para poder formar Gobierno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de julio de 1998

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