Conserjes del Real
El pasado día 18 de junio asistí a la representación del ballet Los claveles, en el Teatro Real de Madrid. Al terminar el espectáculo, iniciamos la salida, que, por tener yo localidades de paraíso, constaba de seis plantas; al llegar a la cuarta e intentar aproximarnos a la barandilla central para ver la perspectiva, uno de los conserjes o acomodadores del local nos lo impidió porque había que desalojarlo.Seguimos bajando y, al intentar dar un rodeo por los salones Goya de la segunda planta, otro de estos conserjes se nos colocó físicamente a nuestra espalda con el firme propósito de que nos fuéramos inmediatamente.
Ya por fin en la planta baja, ante mi intención de leer el directorio del teatro, nos rodearon como una auténtica jauría, advirtiéndome dos de ellos que saliera, ya que también tenían casa y debían cenar (eran las diez de la noche).
Ante mi intención de terminar de leer y marcharme acto seguido, un tercero me preguntó si me pasaba algo, a lo que respondí que no, y en cuanto terminara me iría, que además suponía que no seríamos las únicas personas que estábamos dentro.
Un cuarto, y esta vez vestido de paisano, volvió a interpelarme y a requerirme que hiciera el favor de desalojar, porque ellos tenían que cenar y marcharse a sus casas. Viendo en ese momento que otros espectadores se dirigían a la salida, se lo hice notar, a lo que contestaron que, al tener más educación que yo, se iban, ofensa a la que no respondí.
Ante tal acoso, falta de respeto, educación y profesionalidad, me dirigí a la salida y, en el umbral de la puerta, uno de estos señores, muy joven y al que no había visto hasta entonces, se dirigió a nosotros pidiéndonos disculpas, en su nombre y en el de sus compañeros, por el comportamiento que había presenciado, tan injurioso, desatinado y fuera de toda norma.-


























































