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CARTAS AL DIRECTOR

El caos aéreo

Siguiendo con la serie de cartas dedicadas a relatar los infortunios que nos hemos visto obligados a sufrir miles de personas en las últimas semanas les propongo la historia de un viaje Madrid-Francfort (30 de junio), Stuttgart-Madrid (2 de julio).Viaje de ida: dos horas de retraso en espera en las salas de embarque con dos cambios de puerta de embarque y sin una sola noticia por megafonía. Agradezco a AENA-Iberia sus esfuerzos para que nos acostumbremos a leer las pantallas, a las que tuvimos que estar pegados estas dos horas. Viaje de vuelta: al llegar al aeropuerto de Stuttgart a las 18.00 (el avión tiene prevista la salida a las 19.00) se me asegura en el mostrador de Iberia que no hay vuelo a Madrid (?) ese día y se me remite a la oficina de Iberia en el aeropuerto. Allí, una chica muy amable me informa de que al venir con retraso el avión de Madrid (concretamente a las 19.30) la tripulación sobrepasará sus horas de servicio estipuladas legalmente si vuelve a Madrid, pero que es posible que volviendo a Barcelona no ocurra así al durar media hora menos el vuelo (?). En cualquier caso, se nos asegura que dependemos de las ganas que tenga la tripulación de volver a España y que es muy posible que no haya vuelo.

Pues bien, la tripulación está de acuerdo en volver a Barcelona, y 12 pasajeros (el resto había sido enviado por Lufthansa o había renunciado ya a volar) nos embarcamos a las 20.00. Al llegar a Barcelona siete de nosotros, los que debíamos acabar en Madrid, hemos de esperar 45 minutos en el avión a que llegue otra tripulación que nos pueda llevar a nuestro destino.

La nueva tripulación no llega y se toma al fin la decisión más sensata: desviarnos por el último puente aéreo. El relaciones públicas que nos espera en la terminal (lo único que hace es darnos las tarjetas de embarque) desconoce las razones por las que el avión ha parado en Barcelona y no en Madrid. Se lo aclaro yo.

La guinda: al llegar al fin a Barajas estamos 30 minutos sin poder salir del avión (son ya las doce de la noche) porque un finger se atasca a medio camino. Si tuvieran un poco de vergüenza, los señores presidentes de AENA e Iberia dimitirían o al menos utilizarían parte de sus multimillonarios sueldos en indemnizar a las víctimas de su incompetencia.- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de julio de 1998