Tribuna
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De protagónico a descompensado

El vicio de todos. Hay decisiones que en lugar de revertir tendencias, las confirman. En el segundo tiempo, cuando Croacia había renunciado hasta al contragolpe, la tentación del ataque aéreo y frontal fue irresistible también para Holanda. El ingreso de Van Hooijdonk fue el salvoconducto para que Numan entendiera que cualquier posesión merecía un final directo en el corazón del área. Ladic y Croacia, agradecidos.Aspiración desigual. El tercer puesto significa para Croacia mucho más de lo que hubiera supuesto para Holanda, que sólo podía aspirar a reafirmar la belleza de su juego. No logró volvernos a seducir, pero lo anterior fue suficiente. Sí confirmó la debilidad de su sistema defensivo. Cuentas equivocadas. Defender en igualdad numérica con respecto al ataque rival ya es un riesgo; en inferioridad, un exceso. Lo habitual es destinar un hombre más que la cifra de delanteros enemigos; para algunos exagerados, dos más. Holanda jugó con tres zagueros y, además, se replegó mal. Por eso las llegadas croatas desde atrás dejaron a su defensa en constante desigualdad.

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Suker y Prosinecki, terceros

Principio adulterado. Uno de los principios que ha sostenido el estilo futbolístico de Holanda es el de obligar al contrario a defender atacándolo constantemente. Lo que supone que los tiempos de posesión siempre le serán favorables. Ayer, en la primera parte, la regla se vio adulterada: una cosa es forzar así al rival y otra bien distinta desatender las obligaciones defensivas que genera su ataque. Estas situaciones convierten a un equipo protagónico en descompensado.

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