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Entrevista:

"Sólo las empresas que innoven seguirán siendo competitivas"

José Ferrer es un empresario hecho a sí mismo. Nacido en 1925, se incorporó al negocio de sus antepasados -Freixenet- en 1947. Él ha guiado el cambio desde los tiempos en que vendía con un carro sus vinos hasta ahora, cuando el grupo Freixenet supera los 50.000 millones de facturación. José Ferrer es un "catalán universal", emprendedor, irónico, implacable con la reinversión de los beneficios y defensor del capitalismo de rostro humano. Por su "militancia" en arropar la investigación, la cultura y las artes ha recibido el Premio Juan Lladó, en su XIII edición, de manos de la Fundación Ortega y Gasset y el Instituto de Empresa.Ferrer, envuelto en cifras que demuestran que la exportación va como un tiro, quiere convencer a la clase empresarial de la importancia de investigar para innovar y seguir siendo competitivos.

Pregunta.Usted es un empresario hecho a sí mismo, que combina lo muy local con lo internacional, que ha hecho de una empresa familiar una multinacional ligada a un producto agrario, con productos sin complejos ante el universal champagne. ¿Un sueño que demuestra que el empresario familiar español puede "pensar en grande"?

Respuesta.Freixenet no es sólo mi sueño, sino el de toda una familia con una gran fuerza y sentido de unidad. Si no tuviéramos un sentimiento de "Casa" que mezcla la familia y la empresa, quizá no estaríamos dispuestos a cualquier sacrificio para seguir adelante, como hemos demostrado varias veces. Detrás del éxito empresarial siempre hay un sueño. En nuestro caso, los cuatro hermanos soñamos con ser continuadores de la obra que empezaron nuestros antepasados, y nuestro padre, y nuestra madre, que tuvo que pasar momentos muy difíciles para conservar nuestra Casa y dejárnosla a nosotros. Nuestro agradecimiento hacia ellos por lo que habían hecho, especialmente en la posguerra, que fue el momento más difícil para Freixenet, es ser consecuentes con ese esfuerzo. Desde un punto de vista humano, llevar a buen puerto una iniciativa empresarial requiere tenacidad, voluntad, trabajo, imaginación y la búsqueda permanente de la innovación. Freixenet añade a ese cóctel la fortuna de no haber visto el mercado como algo local, sino global, mundial. Ahora todos hablan de mercado global, de internacionalización; nosotros pensamos así desde hace 30 años. Antes de la guerra civil, en 1935, mi padre ya fundó una empresa en Nueva Jersey, en lo que evidentemente era una palanca para introducir el cava en Estados Unidos.

P.Le acaban de conceder el XIII Premio Juan Lladó de apoyo a la cultura y a la investigación ¿Qué es para usted la sociedad civil?

R.La sociedad civil en los últimos quince o veinte años se ha fortalecido mucho. El mantenimiento del Estado de bienestar impone limitaciones a las cuentas públicas, a priorizar, y el Estado se ha mostrado incapaz de atender algunos servicios. Es entonces cuando la empresa puede desempeñar un papel promotor de iniciativas. En algunos casos se trata de un mecenazgo interesado, porque favorecer la innovación y desarrollo tecnológico es vital para la empresa, pero también ayudamos al arte, a la cultura, al deporte. El mecenazgo contrapesa a ese capitalismo "salvaje" que lo atropella todo en busca del beneficio. Demuestra que hay otro capitalismo que con sus excedentes trata de ayudar a la sociedad de la que depende.

P.Usted es vicepresidente de Cotec para la Innovación Tecnológica, patrono de la Fundación Príncipe de Asturias, del Orfeo Català, de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, del Liceo, de la Fundación Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y de muchas otras. ¿Cuál es la más importante?

R.Bueno, todo es importante. A mí me complacen mucho las iniciativas de Sant Sadurní, quizá porque pasan inadvertidas. Una de ellas es el equipo de hockey patines, que se ha autoimpuesto que los jugadores sean de la población y que ha ganado dos copas este año, o la escuela Sant Josep, de 1.200 alumnos.

P.¿Los empresarios han acordado distancias con el mundo de la investigación? R.La tecnología es esencial para los empresarios. Nuestras empresas están obligadas a innovar si quieren mantener sus factores de competitividad. Si no innovamos, no podemos sobrevivir en la competencia con otras empresas extranjeras. Las únicas empresas que tienen el futuro asegurado son las que son capaces de innovar y que se internacionalizan sus mundos. La clave es que el mundo entero es nuestro mercado. Se repite que las empresas españolas no tienen dimensión. Es lógico, venimos de un mundo cerrado, de un mercado interior incluso con zonas de pobreza importantes, sólo las empresas que controlaban un monopolio podían ser fuertes. Me hace gracia que digan ahora que Telefónica es una de las 200 empresas mundiales...., sólo faltaría. Sólo en el pequeño mundo del cava hay cien cavistas en disputa. Y ahí también se cumple la regla: el innovador gana.

P.¿Qué hace Freixenet por la investigación?

R.Puertas adentro, Freixenet acaba de recibir de manos del presidente mundial de la empresa calificadora el Iso 9002. Puertas afuera, mantenemos colaboraciones con diversas universidades de las que se desprenden proyectos de investigación, tesinas, tesis doctorales, becarios... También colaboramos con el Centro Superior de Investigaciones Científicas.

P.Con 50.000 millones de facturación dedicada el 100% a cavas, vinos y champañas, ¿no ha llegado la hora de pensar en diversificar?

R.Sí, es peligroso para un grupo familiar -que será numeroso en próximas generaciones- tener todos los huevos en la misma cesta. Ser una empresa monoproducto es malo, y muy conveniente, buscar sectores de actividad que vayan más allá del vino y su cultura. Pero eso no quiere decir que se abandone el interés por invertir en el sector vitivinícola, en el que tenemos todavía asignaturas pendientes, como tener un Rioja, o un Ribera del Duero, que nos ilusiona mucho.

P.¿Qué tipo de inversión le convence más?

R.Yo creo que el modelo inversor de empresa vinícola con intereses en ocio, hoteles, turismo, ha dado estupendos ejemplos. El caso de Seagrams es representativo.

P.¿Piensan en recurrir a los mercados de capitales, ensanchar la base accionarial de la firma?

R.No hay nada decidido. Lo que pasa es que todos evolucionamos con el tiempo, las cosas cambian. Uno se hace mayor, y entonces ve las generaciones que vienen, y que quizá se necesitan nuevas alternativas. En una empresa familiar como la nuestra está obligada a plantearse esta posibilidad, que sólo es eso, una posibilidad.

P.Usted ha dado ya los primeros pasos para el relevo generacional en su empresa...

R.Sí, a primeros de este año, mi hijo mayor, Pedro Ferrer, fue nombrado consejero delegado. No por ser mi hijo, sino porque consideramos que era el mejor preparado. Estuvo ocho años estudiando en Estados Unidos y conoce desde abajo la empresa. En breve, José Luis Bonet accederá a la presidencia, profesor universitario y un hombre con capacidad de interlocución y diálogo. Quizá nombremos un vicepresidente. Yo seguiré es un despacho por ahí, entre bambalinas.

P.¿Está usted a favor del etiquetaje en catalán, que pretende Jordi Pujol?

R.Mi opinión es contraria. Nos obliga a tener un almacén más, da pie a errores en los envíos, plantea problemas técnicos que... La verdad, no sé si esto es necesario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de julio de 1998

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