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Pastelitos, agua, teléfonos sin cobertura y mucha emoción

La noche electoral de las primarias autonómicas fue larga y tensa. Tanto que parecía que los tres aspirantes iban a tener que jugarse a los chinos la candidatura a la presidencia de la Generalitat. La sesión de nervios se inició con chocolates, quesitos y pasteles en la oficina de Joan Romero, mientras que, al lado, en el despacho de Asunción optaron por los rosegons y los cocotets. En la sede de Ródenas la merienda se había sustituido por el fútbol televisado y la tensión. Y empezaron a llegar los resultados. Romero y Asunción convirtieron sus despachos en un hervidero de cuentas, donde los voluntarios se movían a duras penas entre unos teléfonos móviles huérfanos de cobertura y con las interferencias cruzadas. Era evidente que Ródenas había montado su cuartel general fuera de la sede del PSPV porque en su oficina no se movía ni un papel ni una cifra. La temperatura ambiental seguía subiendo, igual que la tensión, que se repartía de manera desigual por los corros. Romeristas y asuncionistas se intercambiaban bromas y datos con los que desmoralizar al enemigo. Y mientras esto sucedía, Clementina Ródenas decidió entrar en la sede del PSPV, posar para los fotógrafos y encerrarse en su oficina electoral a la espera del empujón final que la llevase hasta la victoria. Asunción y Romero esperarían a hacer su aparición al recuento final. El escrutinio de la ciudad de Valencia había acabado ya y allí empezaron a acudir la candidata Ana Noguera, los aspirantes, la ejecutiva de la ciudad, con José Luis Ábalos a la cabeza y eufórico. Llegan resultados El candidato a la Generalitat seguía en un pañuelo. Asunción había llevado un ligera ventaja inicial desde el principio del recuento y mantenía tres puntos de ventaja sobre Romero y seis sobre Ródenas. Los romeristas empezaban a poner cara de rezar el rosario. Sin embargo, los resultados de la provincia de Valencia, donde el ex ministro había dado la campanada se habían agotado y Ródenas no conseguía alcanzar a sus rivales. Y entonces empezaron a llegar los resultados de Alicante y de Castellón. Eran más de las once y media de la noche. Y entonces el secretario de Organización, Joan Ignasi Pla, salió del centro de datos del partido donde deliberaba con los representantes de Ródenas y, especialmente con los de Asunción, levantó su pulgar y se metió en su despacho. Romero había ganado, por poco, pero había ganado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de junio de 1998