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POR CASTAÑUELAS.

Ni rezagados de la feria de Sevilla ni romeros tempranos del Rocío: protestan. No es que el baile requiera títulos que certifiquen que arte hay donde lo hay, pero enseñar a bailar sí los exige. Y ahora, de un plumazo, el que tenían para eso ya no vale. Acudieron al ministerio de Esperanza —nombre de trianera, macareno— a darle en sus narices castañuelas. Aguirre, con su gracia, creyó que de un homenaje se trataba por sus dos añitos de victoria. No consta que saliera a saludar ni que gritara olé.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de mayo de 1998