Tribuna:LA FERIA DEL NEÓFITOTribuna
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Corbatas y gorgueras

El cielo lució ayer como mandan los cánones. Límpido y azul. Era un día ideal para ir a la Feria de Abril. Además, la invitación de una empresa de telefonía móvil proporcionaba a su poseedor un cierto empaque en el alma. Una invitación es un pedazo de papel con la virtud de levantar el ánimo más alicaído. "Has llegado a algo, muchacho. Todos aquellos que decían: "Usted nunca llegará a nada" se han equivocado. Eres alguien, chaval", parece afirmar la invitación. Un simple pedazo de papel propicia que un hombre pueda entrar en el ámbito de los elegidos. A las dos de la tarde, reza el papel, "ofreceremos una copa a los medios de comunicación de Sevilla". Con todo, la invitación de la empresa lanza una advertencia: "Esta tarjeta deberá portarse en un lugar visible durante la permanencia de su titular en la caseta". ¿Habrá que llevarla en la boca? ¿Se deberá prender a la solapa con un imperdible? ¿Habrá que agitarla en la mano como un salvoconducto ante el camarero si, por casualidad, osamos engullir un canapé? ¡No, hombre! Lo único que pasa es que el gusto hispano por las frases barrocas y el lenguaje pomposo y envarado ha jugado una mala pasada al que escribió la invitación. Por supuesto, que no hay que llevarla en "un lugar visible", reflexiona el candidato a entrar en el mundo de los elegidos. El invitado avanza, pues, tranquilo hacia su destino. La caseta de la empresa de telefonía móvil es más bien pequeña. Un fornido vigilante jurado guarda la entrada. El candidato a la gloria muestra su invitación y hace un amago de adelantar la pierna derecha para formar parte de los elegidos. Pero el vigilante tuerce el gesto, le impide el paso y le dice con voz metálica: "Es imprescindible el uso de corbata". El invitado sabe desde su más tierna infancia que hay que respetar los uniformes. Y aunque los vigilantes jurados no cobran del Estado, no dejan de llevar uniforme. Si alguien con galones te indica que tú no pasas, pues no pasas. No importa que en la invitación no se diga nada sobre el uso obligatorio de corbatas, monóculos, gorgueras y otros adornos de los que dan lustre al cuerpo. Un uniformado te ha dicho que no entres. Y, por tanto, le obedeces y no entras. El invitado se da la vuelta y camina en dirección a la portada. "No soy nadie", rumia con un picor en la nariz. "La próxima vez llevaré corbata", se dice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 30 de abril de 1998.