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Educación pretende transformar el fracaso escolar en integración laboral

Los programas de garantía social se centran en la marginación juvenil

Evitar a toda costa la marginación juvenil a causa de las discapacidades físicas, psíquicas o el fracaso escolar. Ése es el objetivo de los programas de garantía social puestos en marcha hace tres años por la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía y que han conseguido ya sus primeros resultados: la incorporación al mundo laboral de muchachos que en principio estaban condenados al ostracismo social o, incluso, el aprendizaje de oficios que hagan posible su independencia económica. Cuando un niño es discapacitado físico o psíquico, o simplemente vive en un entorno familiar marginal, sin posibilidades económicas, su rendimiento escolar y su aprendizaje se resienten. Los programas de garantía social pretenden darle un tiempo extra de adaptación al entorno, una educación especial, una mayor atención."Son, en el fondo, medidas de compensación para los niños que arrastran un déficit en su formación", explica Antonio Granados, jefe del servicio de ordenación académica en Granada. "Al terminar la edad obligatoria de escolarización, muchos adolescentes, por deficiencias físicas, psíquicas o de entorno marginal, no logran llegar al nivel de escolarización mínimo exigido. Es entonces cuando son integrados en los programas". La finalidad de tales programas es prepararlos para que lleguen a ese mínimo exigido, afianzar su madurez personal, para lo que se requiere a su vez un profesorado especializado. Durante un año, y a través de dos fases, los niños se forman primero para el estudio y luego para realizar prácticas en un centro de trabajo. Tres tipos de estudiantes El programa está destinado a tres grupos de alumnos con unas características muy específicas: adolescentes sin déficits ordinarios, pero que no han rendido lo exigible, adolescentes con alguna discapacidad asociada, y grupos de niños con necesidades educativas especiales debido a problemas psíquicos, físicos o sensoriales. Una vez finalizado el periodo de formación, la Delegación de Educación expide un certificado con el perfil de las actividades que ha realizado el alumno al objeto de facilitar su inserción laboral o animarle a que continúe estudiando. En Granada, alrededor de una treintena de centros escolares están preparados para acoger y formar a niños de estas características. Así, hay cursos de peluquería, mecánica, electricista, mantenimiento de edificios, cocina, confección, actividades hortícolas, carpintería, o construcciones. "Todo ello se realiza a través de asociaciones sin ánimo de lucro", explica Granados. "Llevamos tres años poniendo este plan en práctica y los resultados son de una aceptación muy notable por parte de las empresas que colaboran con nosotros. Hay entre este grupo de niños un nivel de incorporación laboral alto". Según Granados, de no existir los programas de garantía social, estos muchachos, de entre 18 y 21 años, "serían marginados por completo debido a los déficits que arrastran. Ahora, sin embargo, una vez que terminan su formación ya pueden incorporarse a un trabajo". Sólo en Granada funcionan 18 equipos docentes para atender a los jóvenes, integrados por un experto en discapacidades y un maestro para la formación básica del alumno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de abril de 1998