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Cinco tenderos de Canillas esperan entre ruinas el local prometido

Entre las paredes y los porches de una vieja galería comercial en la calle de Matapozuelos, en Canillas, cinco tiendas abren cada mañana sus puertas, a pesar del estado semirruinoso en que se encuentra el centro. El Instituto de la Vivienda de Madrid (Ivima) les prometió, hace casi tres años, que serían realojados en unos locales nuevos. De momento, lo único que han visto han sido unos planos en un papel. El gerente del Ivima, por su parte, asegura que serán realojados "de forma inmediata".

La galería comercial, en la que llegaron a estar abiertos 12 locales en sus tiempos de esplendor, tiene más de 40 años y muestra un estado de abandono: las goteras han resquebrajado los techos de todas las tiendas; han volado uralitas del tejado; las barandillas de cemento amenazan con caerse; no hay iluminación nocturna y el suelo está rajado. "Las ventas han bajado mucho, para qué vamos a engañarnos. Estamos aguantando a ver qué solución nos dan", señaló María González, dueña de una perfumería. Y la respuesta, clara, la dio Juan José Franch, director gerente del Ivima: "Vamos a hacer la redistribución de esos locales de forma inmediata, en los bajos de las viviendas nuevas de la calle de Montemayor de Pililla".

Lo cierto es que el retraso ha marcado la adjudicación y realojamientos de las familias de Canillas, tal y como admitió el propio Franch: "Es un proceso muy complejo porque cada familia tiene una historia diferente. Hay que ir moviendo fichas muy poco a poco para ir abriéndose un hueco".

En junio de 1996, este grupo de comerciantes quedaba incluido en una lista definitiva de adjudicatarios de locales comerciales. Desde entonces no han tenido respuesta. "No te gastas un duro en arreglar la tienda porque siempre tienes la esperanza de que igual te dicen algo mañana", explicó Pilar Valera, una farmacéutica afectada. "Los días que estamos de guardia y se acerca gente que no es del barrio, se asustan de ver cómo y dónde estamos", apostilla.

Manuel Mora, dueño de una tienda de ultramarinos, lee despreocupadamente el periódico. "Esto es lo peor. No podemos continuar así. Nos han abandonado, la zona se ha ido estropeando y la gente no viene para nada", comentó Mora, que empezó a trabajar en el local cuando tenía 18 años. Ahora tiene 56 y está "indignado y harto" de la situación.

Hasta el momento, el Ivima ha entregado 200 viviendas en el barrio de Canillas. El propio gerente aseguró que, de las otras 134 viviendas, un total de 124 comenzarán a construirse "inmediatamente pasado el verano, más o menos a mediados o finales de septiembre". Las 10 viviendas restantes aún no tienen fecha de edificación.

Clotilde Llorente lleva 30 años en su peluquería de Canillas. "Las clientas vienen aquí porque son de toda la vida, pero algunas no pueden ni subir las escaleras, que están que dan pena", dice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de abril de 1998

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