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CARTAS AL DIRECTOR

A Manuel Pérez

Comencé mis vacaciones de Semana Santa con la triste noticia de la muerte de Manuel Pérez. Sí, es realmente triste. Hace poco más de 31 años (enero de 1967) fui bautizada por él en la parroquia de San Lucas, de San Cristóbal de los Ángeles (Madrid). Por aquel entonces, mis padres tenían gran relación con el recién ordenado sacerdote. Desde el comienzo de mi existencia, sólo he percibido la vida de Manuel Pérez como vida ejemplar, entregada a los demás, fuertemente arraigada en el verdadero mensaje cristiano. Siempre mantuve la esperanza de poder encontrarme con Manuel Pérez una vez que hubiera venido libre a España, sin necesidad de esconderse de nadie, como él quería. Finalmente, no ha podido ser. En mi corazón guardo el orgullo de haber sido bautizada por él, las fotos de ese momento y el testimonio entregado por mis padres, en el que noto la humanidad y el cristianismo convencido del que Manuel Pérez era una gran muestra. Sólo deseo que su vida no haya sido en vano y que sus proyectos de paz y justicia sigan adelante. Descanse en paz.- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de abril de 1998