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TRIBUNA

El examen del 24 de abril

Me van a permitir que empiece con una anécdota taurina. En 1973 Santiago Martín, El Viti, no obtuvo el trofeo a la mejor faena de la Feria de Abril porque únicamente consiguió matar al toro en el cuarto intento. Lo mató recibiendo, pero a la cuarta vez. Preguntado por Mariví Romero por qué había insistido en ejecutar la suerte de manera tan difícil, El Viti respondió de la siguiente manera: "Porque las faenas hay que acabarlas como se empiezan".No hay atajos en el mundo de los toros. Y menos todavía en el mundo de la política. El PSOE, inmerso en las primeras primarias de su historia, no debería olvidarlo.

Y no debería hacerlo porque aunque en las primarias compiten Joaquín Almunia y José Borrell, quien se examina es el PSOE en general y sus órganos de dirección (nacionales, autonómicos y locales) en particular.

La distinción entre competición y examen me parece importante. La competición es interna. El examen es externo. Joaquín Almunia y José Borrell compiten en el interior del PSOE. El PSOE se examina ante la sociedad española en su conjunto. Y de nada vale la competición interna si no se consigue pasar el examen externo. Pues la primera sólo tiene sentido en función del segundo. Si la sociedad española no entiende que las primarias han sido un instrumento de democratización del partido, sino una maniobra de la dirección para que parezca que hay cambio, cuando todo sigue igual, el tiro habrá salido por la culata.

Los riesgos de las primarias no son, pues, exclusivamente internos. Las primarias, en especial cuando se extiendan a los "simpatizantes" o a quienes "se registren" como votantes socialistas, comportarán una reorganización interna notable que provocará con seguridad trastornos en el funcionamiento ordinario del partido. De ahí que sea perfectamente comprensible la aprensión con que son vividas por los actuales órganos de dirección.

Pero los riesgos externos son todavía mayores. Si las primarias no son de verdad un procedimiento democrático de selección de candidatos, el castigo de los ciudadanos será más que proporcional al entusiasmo que la iniciativa de su convocatoria ha generado. Con los procesos de democratización no se puede jugar.

Me he permitido recordar esta evidencia a la vista de algunos de los incidentes que han salpicado los primeros días de la competición. La exigencia de una interpretación excesivamente formalista de los Estatutos, a fin de que la Ejecutiva Federal proclamara oficialmente un candidato, ha acabado siendo resuelta de manera razonable, pero no debería siquiera haberse planteado. Y mucho menos deberían haberse producido las declaraciones de José Bono de que la elección de José Borrell el 24 de abril sería como conducir al PSOE al precipicio, por mucho que después haya rectificado.

Después de la Semana Santa se va a entrar en la recta final de la competición e incidentes como éstos no pueden volver a producirse. Ni siquiera parecer que se producen. La apariencia de imparcialidad en los procesos electorales es parte constitutiva de la propia imparcialidad.

Entre otras cosas, porque a quien se está perjudicando con estas conductas es a Joaquín Almunia. Exigencias como la de que la Comisión Ejecutiva se pronuncie en cuanto tal o afirmaciones como las de José Bono no ponen en cuestión la oportunidad de la participación de José Borrell en las primarias, sino la de Joaquín Almunia. Suscitan el interrogante de si el secretario general puede o no ser candidato en las primarias. Una cuestión a la que, por cierto, los Estatutos del partido tendrán que dar una respuesta en el futuro.

Las primarias han empezado bien. A pesar de algunos errores, fruto de la inexperiencia y de la novedad del proceso, están siendo seguidas con interés por los ciudadanos y ocupando un lugar destacado en el debate político.

Ahora hay que acabarlas bien. A la entrada, la credibilidad de las primarias la ha proporcionado la actitud limpia de Joaquín Almunia y la participación de José Borrell. A la salida, la credibilidad dependerá de la conducta que tengan los órganos de dirección del partido hasta el 24 de abril. La faena tiene que ser acabada de la misma manera que se empezó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de abril de 1998