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Tribuna:VISTO / OÍDO

Esperpentuelos

Iba pensando en Valle-Inclán; por todo este esperpento de los conspiradores en el famoso despacho de Abc, caricatura de lo que ya fue caricatura en el ruedo ibérico. También sale el despacho en una obrita de Valle, un diálogo entre don Torcuato y Azorín. Ese despacho es ahora un restaurante; el de Ansón fue otro despacho -el del fundador era museo, y sus muebles se conservan- en la misma casa y en la nueva, y lo convirtió en el establo de Augias. Muchos escobazos tienen que dar Guillermo Luca de Tena y Paco Giménez Alemán para sacar el estiércol que quedó. Haría falta otro Heracles que metiera un río por dentro.Iba pensando en Valle: caminaba yo, por Alcalá, desde el Bellas Artes: el Círculo, cuyo salón de juego primorriveriano caricaturizó el genio en La hija del Capitán; y el teatro, donde Tamayo representa Luces de bohemia, la obra que él mismo sacó de los establos franquistas del miedo, la ignorancia, el desprecio. Iba al Casino de Madrid para adherirme a la presentación del libro de Umbral Valle. Los botines blancos de piqué (Planeta); adherirme por Valle, por Umbral, que ha hecho un libro distinto y nuevo. Lo presentaba Juan Antonio Marina, filósofo de Abc; todo, en Madrid, está ligado: con la liga viscosa con la que se caza a los pájaros y a las moscas. Digo filósofo de Abc como de Ortega y Gasset se puede decir filósofo de El Sol; o de Eugenio D'Ors filósofo de Arriba.

Cada periódico tiene su filósofo (Savater, filósofo de este periódico) y cada periódico su idea, su tiempo, su representación. Marina prometió a Umbral un futuro de profesor de instituto el día en que se decida a dejar los periódicos. Él lo fue, no sé si lo es, hasta el día en que Anson le llevó al Abc. Salen siempre los mismos nombres, las mismas conjuras. En el patio de butacas, Pedro J. Ramírez se llevaba las cámaras, los fotógrafos. Llegó tarde: deliberadamente tarde, pensaron algunos, y cortó a Marina en dos: el profesor refunfuñó un poco. Si hubiera sido un alumno, le hubiera expulsado de clase. Pero quién sabe si un día Pedro le ofrecerá el puesto de filósofo. Ahora tiene a Bernard-Henri Lévy, de la viejísima nouvelle philosophie, pero es francés y ultra: de la línea de Semprún (otro del círculo de la pomada madrileña; la palabra pomada la colocó Marina) y el anticomunismo ya se ha ensuciado demasiado. Tiene que ir buscando otro rollo: Marina le haría el papel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de febrero de 1998