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FÚTBOL INTERNACIONAL

La joya de Anfield

Michael Owen puede convertirse el miércoles en el internacional inglés más joven del siglo

Michael Owen estaba jugando al golf con su padre cuando le llegó la noticia. Glenn Hoddle quería hacerle debutar con la selección inglesa (el miércoles en Wembley ante Chile). Y si juega, el delantero del Liverpool, que tendrá entonces 18 años y 59 días, habrá incrustado su nombre en la historia del fútbol inglés: ningún futbolista de este siglo ha logrado vestir a esa edad tan temprana la primera camiseta inglesa. Owen es un recién llegado, pero no lo parece. Tan sólo 17 minutos después de su estreno con el primer equipo del Liverpool, el pasado 7 de mayo ante el Wimbledon, marcó su primer gol. Desde entonces, -o antes, que sus números eran tremendos ya de juvenil- no ha hecho otra cosa. Y eso que empezó el curso como suplente, una simple alternativa a Fowler, Riedle y Berger. Hoy, Owen es titular indiscutible, el mejor realizador del equipo (suma 14 goles), y tiene a Riedle, el alemán fichado a golpe de talonario del Borussia Dortmund, en el banquillo. Roy Evans, su entrenador, se equivocó cuando pronosticó que la Premier League le venía grande.Owen no sólo ha desmentido a su técnico, sino a todo el fútbol inglés. Su perfil no encaja con el prototipo que se lleva en las islas. Es bajito (1,74 metros) y liviano, nada que ver con los gigantes delanteros británicos. Compensa su físico con un juego muy vertical, una velocidad endiablada, un olfato especial para adivinar las jugadas y un carácter de veterano.No se arruga ante nada ni nadie. Le falta, sí, pierna izquierda. Nunca se perfila jamás hacia ese costado. Pero su derecha es de oro.

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El Liverpool ha blindado tan prometedoras cualidades con un contrato por cinco años que reporta al jugador casi tres millones de pesetas a la semana -se lo negoció Tony Stephens, el agente de Alan Shearer-. Pese al dinero y la fama, Owen no amenaza con convertirse en otro Spice Boy -así se ha bautizado a futbolistas como Beckham, Redknapp, Mc Manaman y Fowler, amigos de las juergas nocturnas, que salen con modelos o estrellas del pop y lucen coches y ropas lujosas- Su distracción es el golf, conduce un modesto Rover y su novia es una chica corriente. Sólo se le conoce una pega: tiene remordimientos. Era azul [seguidor del Everton, equipo en el que jugó su padre] de toda la vida y ahora triunfa con los rojos [el Liverpool, el eterno rival]. Y ni que a Rush, Fowler y McManaman les haya pasado lo mismo le consuela.

De padre y abuelos escoceses, nacido en Gales, Michael Owen nunca tuvo otra idea en la cabeza que jugar con la selección de Inglaterra. El miércoles puede conseguirlo. Y de paso, con tan sólo 18 años y 59 días, hacerse un hueco en la historia del fútbol inglés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de febrero de 1998