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FÚTBOL 22ª JORNADA DE LIGA

Pertinaz sequía en el Espanyol

El equipo de Camacho sumó su quinto punto de los 21 últimos posibles

De un tiempo a esta parte, el Espanyol se ha convertido en un equipo previsible. Tanto que no hay rival que no sepa cómo cerrar el candado y esconderle la llave al equipo de Camacho. Cinco puntos de los últimos 21 posibles llevan los de Montjuic y tres partidos consecutivos sin marcar un sólo gol. Un día es un penalti no señalado, otro un palo y otro, como ayer ante el Oviedo, el mal estado del terreno de juego. Cualquier excusa es buena. Pero lo cierto, lo que se puede constatar, es que el Espanyol ya no encuentra el camino del gol. Ayer, ni siquiera el de las ocasiones de gol. Porque durante 90 minutos, y con benevolencia, tan sólo fue digno de registrarse en el cuaderno de anotaciones un remate de cabeza de Esnáider que detuvo, sin grandes apuros, Esteban. Fue todo.El Espanyol empujó y empujó cada vez con mayor intensidad. Pero sólo eso. La chispa de Esnáider ha desaparecido. Las llegadas de Quique Martín por la banda izquierda y el remate en la boca de gol de Ouédec ya hace tiempo que no se repiten. El delantero argentino jugó ayer un tanto retrasado, a las espaldas del francés. Y el resultado fue que Esrnider pasó muy desapercibido, mientras que Ouédec se desgastó sin fortuna en un constante trabajo como pivote que no dio resultado.

El Oviedo arrancó con un perfil temible. Sus contrataques, montados en base a la gran movilidad inicial de Juan González en la punta y las incorporaciones de Dubovsky y Pompei, metieron el miedo en el cuerpo al Espanyol. Pero hubo más ruido que nueces y el Oviedo se fue apagando. Se dio por satisfecho con fortalecer sus líneas de cuatro atrás y en el centro del campo y hacer inútil la presión del Espanyol.

El centro del campo se convirtió en un pim pam pum. No había equipo que fuera capaz de trenzar una jugada con más de tres o cuatro toques sin que se produjera una intercepción del rival. El mal estado del terreno de juego, con agua por los cuatro costados que a veces aceleraba y a veces clavaba el balón, acentuó los despropósitos. Los dos equipos mantuvieron un orden posicional hasta las últimas consecuencias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de enero de 1998