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NUEVO GOLPE DE ETA AL PP

Cuarto concejal del PP vasco asesinado por ETA

José Ignacio Iruretagoyena murió destrozado en Zarautz por una bomba lapa dentro de su coche

ETA volvió ayer a golpear al Partido Popular. El concejal de Zarautz (Guipúzcoa) José Ignacio Iruretagoyena, de 35 años, casado y con dos hijos, caía asesinado. Iruretagoyena se convertía en el cuarto asesinado del PP vasco desde que Gregorio Ordóñez recibió un tiro en la cabeza en 1995. El lehendakari José Antonio Ardanza ha convocado para hoy una manifestación en nombre de los partidos del Pacto de Ajuria Enea, mientras que los concejales de HB recibían gritos de "asesinos" durante la celebración de un pleno extraordinario. El presidente del Gobierno y ocho ministros estuvieron anoche en la capilla ardiente y el Ejecutivo y el PP aseguraron que se mantendrá firme la política antiterrorista. Manuel Fraga sugirió una intervención directa del Gobierno para garantizar la seguridad.

Hace 48 horas, Gervasio Jáuregui, uno de los militantes históricos del PP en Euskadi, paró a José Ignacio Iruretagoyena y le regañó: "No puedes ir de un lado a otro sin escolta; las cosas están muy mal". José Ignacio, de 35 años, casado y padre de dos hijos de seis meses y tres años, maderero de profesión y concejal del PP en Zarautz (Guipúzcoa), le contestó con una pregunta: "¿A mí qué me va a pasar?". Ayer ETA le respondió. Su coche, un Opel Kadett de color negro, explotó mientras lo conducía por la calle Urdaneta de Zarautz. José Ignació quedó mutilado, con la pierna y el brazo izquierdo amputados; con el resto del cuerpo destrozado y el corazón roto. Es el cuarto concejal del PP abatido por los terroristas.Durante una hora y media, los servicios de urgencia intentaron lo imposible y a las nueve y media terminó de agonizar. Para matar al cuarto concejal del PP desde enero de 1995, cuando asesinaron a Gregorio Ordoñez, los terroristas utilizaron ayer el más cobarde de sus métodos: durante la noche, forzaron la puerta del copiloto y colocaron bajo el asiento de José Ignacio una bomba activada con un temporizador. Sin riesgo para el asesino, mortal para la víctima. A la hora fijada por ETA, el coche explotó. Frente a una ikastola (escuela de euskera) y dos colegios. Iba solo.

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Llegó a recorrer más de un kilómetro con la bomba colocada bajo su asiento. José Ignacio, uno de los dos concejales que el PP consiguió en Zarautz en mayo de 1995, salió de su casa, en el barrió de Pilartxo Enea, a las siete y media de la mañana. A los pocos minutos, paró a desayunar en el bar Gaztelu y luego reemprendió su camino hacia la empresa de su familia, Maderas Iruretagoyena. No pudo llegar. Medio kilómetro antes, el coche explotó.

Colocada en el garaje

La policía sostiene que los terroristas se colaron en el garaje de José Ignacio durante la noche. Disimularon la bomba -compuesta por un kilo y medio de amonal y amosal- bajo el asiento del conductor. El artefacto constaba además de una serie de imanes, lo que demuestra que los terroristas, en su afán de matar, valoraron la posibilidad de adosarla a los bajos del vehículo, pero al final consiguieron meterla bajo el asiento. En un primer momento, la policía creyó que la bomba fue accionada por una ampolla de mercurio, un sistema que acciona el dispositivo durante un movimiento brusco. Pero inmediatamente se desechó esa hipótesis: José Ignacio había subido la rampa de su garaje sin que el vehículo llegase a explotar. Incluso algunos testigos aseguran haberlo visto circular por las calles del pueblo y frenar en un semáforo.A las ocho menos diez, la voluntad de los terroristas se cumplió. El artefacto explotó y lanzó el Opel Kadett contra una pared a 100 metros de un colegio. Una ambulancia de la Cruz Roja llegó al lugar inmediatamente, entre el estupor de los mayores y la sorpresa de los niños que acudían a las escuelas cercanas. Los sanitarios sacaron el cuerpo mutilado del concejal de entre los hierros retorcidos del vehículo. Lo metieron en la ambulancia. No resistió. Una parada cardiorespiratoria acabó con su vida.

Fue entonces cuando llegó su padre. Cándido Iruretagoyena, de 70 años, concejal del PP en la anterior legislatura, acudió junto a la ambulancia mientras el. mayor de sus cuatro hijos iba dejando de vivir. Nadie acertó a decirle nada. Tras la chapa pintada de blanco de una ambulancia, en plena calle, tan de mañana, allí mismo, su hijo agonizaba y moría.

Se derrumbó. Cogió su bicicleta y volvió al caserío. Nadie puede decir qué iba pensando, pero sí en qué idioma., "En euskera, sólo habla euskera, apenas utiliza el castellano, no se puede decir que esta vez ETA haya matado a nadie de fuera. Nadie más de aquí que Cándido y su hijo", se lamentaba ayer, a las dos de la tarde, ante el Ayuntamiento de Zarautz, el presidente del PP de Euskadi, Carlos Iturgaiz. La misma idea, el mismo dolor, que repetía Inmaculada, la hermana del concejal muerto, nada más enterarse del atentado: "Mi hermano era un hijo de Euskadi. Lo han matado los mismos del pueblo; los que dicen defenderlo. Él no tenía ningún miedo. No pensaba que podían ir a por él. ¿Qué nos están haciendo? La próxima puedo ser yo aunque no sea del PP".

Hace mucho tiempo que ETA lo tiene claro. Y su último comunicado, el 19 de diciembre pasado, reafirmaba que el PP está en el punto de mira: "Hasta el último concejal". Su "último concejal", José Ignacio Iruretagoyena, fue llevado en la misma ambulancia donde agonizó al cementerio de Polloe, en San Sebastián, donde se le practicó la autopsia.

Ya a las seis y media de la tarde, el féretro fue trasladado hasta la capilla ardiente instalada en el salón de plenos de Zarautz. Un pueblo donde sólo el crespón y la bandera a media asta del Ayuntamiento indicaban que algo había pasado, pero al llegar la noche unas 10.000 personas se echaron a la calle para decir su dolor en silencio. Iban encabezados por el lehendakari, varios ministros y representantes políticos de todos los partidos democráticos. El alcalde, Imanol Murua, salió al balcón del Ayuntamiento y aseguró que los asesinos seguirán matando pero no conseguirán nada.

Ya avanzada la tarde, el presidente del Gobierno, José María Aznar, acompañado de su esposa, Ana Botella, ocho ministros y altos representantes del PP, se acercó a Zarautz para acompañar a la familia de José Ignacio y visitar la capilla ardiente. Allí se abrazó a los hermanos y a María Jesús Imaz, la mujer de José Ignacio, "¿Dónde están esos sucios cabrones?", repetía en euskera una de las hermanas aferrada al féretro.

¿Y HB? Ayer en Zarautz, al igual que en diciembre en Rentería o hace dos años en San Sebastián, los ojos de los concejales se volvieron durante un momento hacia los de HB. Pero no pudieron percibir ni un gesto de condena, de duda ante la muerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de enero de 1998