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Tostadas y plastilina

El sol duerme, pero el cole ya está abierto. Son las 7.30 y en el colegio público Aldebarán, en Tres Cantos (27.715 habitantes), las luces están encendidas y la calefacción funciona. La monitora, Ana Isabel Quijano, prepara lapiceros y cartulinas.Víctor, de cinco años, es el primero en llegar. Un minuto después lo hacen Andrea e Imanol, dos hermanos de cinco y cuatro años que han viajado una decena de kilómetros desde Colmenar Viejo. "Vienen muy a gusto. Se levantan tan contentos, y para nosotros es un alivio poderles dejar ahora. Entramos a trabajar aquí cerca a las ocho menos cuarto", dicen sus padres. Han entrado despacio, llevando de la mano a los chavales. Luego salen apresurados, rumbo a la jornada laboral. Antes de las ocho, una veintena de críos juega en el aula.

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-Vamos a hacer bichos con plastilina -dice la monitora.

-Yo hago un caracol.

-Y yo, un espantapájaros.

Los pequeños están bien despiertos cuando salen al comedor para desayunar colacao con tostadas.

De los 440 alumnos del Aldebarán, 57 llegan al colegio con antelación para permitir que sus padres lleguen a tiempo a sus empleos. Las familias abonan 5.000 pesetas mensuales por la permanencia de dos horas (las clases comienzan a las 9.30), y 4.000 por una hora. Tres monitoras se encargan de los chicos.

"Para mí, esto es una solución al ciento por ciento'', señala Pilar Sánchez al dejar a su hijo Manuel, de -cuatro años. "Yo creo que no es demasiado bueno para los niños, porque se pasan media vida aquí. Si en los trabajos dieran facilidades, no haría falta que los colegios abrieran tan temprano", reflexiona Amelia antes de dar un beso a su único hijo, Alejandro (de cuatro años), y salir zumbando al ministerio.

La luz solar se cuela ya por las ventanas. Los más pequeños siguen con su bullicio. Los más grandes se lo toman como viene. "Preferiría dormir más, pero no queda otro remedio", zanja Cecilia, de 12 años. A las 9.30, todos a clase.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de enero de 1998