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VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

La Guardia Civil tiene que proteger de sus hijos al parricida de Granada

La Guardia Civil tuvo que proteger de la ira de sus propios hijos a José Parejo Avivar, el hombre de 61 años que quemó viva el miércoles a su ex mujer, Ana Orantes, en el jardín de la casa que ambos compartían en Cúllar Vega (Granada). El presunto asesino ingresó ayer en prisión incondicional por orden del juzgado de Santa Fe que instruye la investigación.

Entre los familiares que se arremolinaron ante el juzgado -y que llamaron "nazi, criminal y cobarde" a Parejo cuando cruzó la acera hasta el furgón policial- estaba Ana, la hija del matrimonio que abandonó la casa familiar a los 14 años amedrentada por el acoso sexual de su padre desde los ocho. "La ha quemado para que no la volviéramos a ver" , decía otro hijo.Cientos de personas de todas las edades se manifestaron ayer en Granada contra la impunidad de que gozan los hombres que maltratan a mujeres. José Parejo no se inmutó mientras sobre él caía una lluvia de insultos.

Parejo mantuvo ante el juez Alberto González que atacó a Ana Orantes Ruiz como respuesta a sus provocaciones. Según su relato, fue la víctima quien le provocó y sacó de sus casillas. Parejo se entregó voluntariamente a la Guardia Civil dos horas después de acabar con la mujer. Durante el interrogatorio negó que la hubiera golpeado y maniatado antes de matarla.

Sí admitió, en cambio, que la roció con una lata de gasolina -que fue encontrada luego en el jardín- y que prendió la llama con su propio mechero. Ana murió sin ayuda, convertida en una pira humana, mientras su ex marido se alejaba de la casa. El cadáver fue descubierto minutos después, a la vuelta del colegio, por una nieta de doce años que vivía con Ana Orantes.

Tanto la acusación particular como el fiscal solicitaron la prisión incondicional sin fianza por un supuesto delito de asesinato. La defensa prefirió dejar a criterio del juez la situación procesal. El Instituto de la Mujer de la Junta de Andalucía anunció que ejercerá la acción popular. La cruel muerte de Ana fue el acto final de cuarenta años de palizas, discusiones y crueldades causadas por simples suspicacias de las que no se sustrajeron sus propios hijos. Varios de ellos se concentraron ayer frente al juzgado para desahogarse ante el hombre que convulsionó durante cuatro décadas la vida de ellos, de su madre y de sus hermanos.

"Violador", "te tienes que pudrir en la cárcel", "cobarde"..., fueron algunos de las palabras que escuchó con una pasmosa tranquilidad José Parejo mientras recoma, protegido por la Guardia Civil, los pocos metros que separa la puerta del juzgado del furgón policial. "Ha intentado abusar de mí hasta los catorce años, que lo sepa Granada y España entera", gritaba Ana, una mujer de unos 35 años, desencajada por la furia.

Los hijos de Ana Orantes, que evitaron a la prensa el día del entierro, describieron con detalle frente al juzgado alguno de los terribles episodios que soportaron. "Ante los vecinos parecía inocente, pero en la casa era un criminal, un demonio y un asesino".

Rafael recordaba ayer que ninguno de sus ocho hermanos escapó al desprecio paterno: al menor, de 18 años le llamaba "maricón" porque ayudaba a Ana en las faenas domésticas; los demás eran "analfabetos o putas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de diciembre de 1997

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