Cartas al director
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Luz

Amanece; abro los ojos y veo que estamos inmersos en el juego de ETA, su ruleta rusa; su juego impuesto. Todos podemos caer víctimas de balas aleatorias, aun que unos son más aleatorios que otros, sin darnos cuenta de que llevamos el marchamo aleatorio de la muerte a nuestra espalda, pensando que nunca o casi nunca nos va a tocar a nosotros. Ya con la primera muerte se consiguió contagiar el miedo a precio de saldo, y con el río de sangre derramada por personas inocentes, esa sangre caliente, se riegan nuestros pensamientos haciendo florecer nuevos deseos de acabar con la sinrazón de esa sangre fría.Y cuando se trata de denunciarles el mal que recibimos, no obtenemos respuesta porque el canal de comunicación se hace a distinto nivel. Y a lo único a lo que se dedican es a dar jaque mate sin que podamos mover pieza en nuestro juego democrático. Entonces, toda esa descarga emocional repleta de impotencia se siente puesta en nuestras manos blancas, que se juntan unas con otras implorando justicia; una justicia muy concreta.

Dicha descarga emocional no conecta con ellos. Su sangre es fría; la nuestra, caliente; eso es lo que nos diferencia. El ejercicio es muy difícil, y de ellos es el primer paso para conseguir lo que la ceguera producida por la cerrazón les impide ver. Simplemente, la luz.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 16 de diciembre de 1997.

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