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...y la calma de Repsol

Un portavoz de Repsol aseguró ayer que pese al estallido del sótano "es imposible que la onda expansiva alcanzase a los cinco depósitos de la estación de la calle del Doctor Esquerdo". Asimismo, la Asociación de Empresarios de Gasolineras de Madrid aseguró que es improbable que estalle un depósito en una de estas explosiones. De hecho, en ninguna de las otras dos deflagraciones registradas en las gasolineras de la región en los últimos 20 años han resultados afectados los depósitos de combustible.

Pero ambas presentan características similares al accidente de ayer. El 22 de noviembre de 1984 se desataba una explosión en la estación de servicio de Campsa, en la avenida de América. Los gases acumulados en la caseta de utillaje estallaron cuando el empleado se encontraban en el interior. Una cerilla o un cigarro provocaron la explosión.

Un accidente similar ocurría el 21 de octubre de 1990 en la estación de servicio Oro Negro, situada en el polígono industrial de Alcobendas. Lucía Cortés, de 24 años, resultó herida con quemaduras graves en el abdomen y en la mano. El origen de la explosión pudo estar en la concentración de los gases emanados por los combustibles. Los gases pudieron filtrarse por los conductos eléctricos y una chispa pudo desencadenar la deflagración.

En la actualidad, hay 101 gasolineras en Madrid y se ha aprobado la construcción de otras 27 fuera de la almendra central de la ciudad. Estarán ubicadas a la vera de las nuevas vías o junto a los parques. Estas estarán obligadas a construir aseos exclusivos para peatones. Mientras, la mayoría de los surtidores que funciona en la capital está inmersa en un plan de modernización.

En Madrid hay una gasolinera por cada 22.000 habitantes. Una proporción muy baja comparada con la de las capitales europeas donde hay una por cada 3.000 personas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de noviembre de 1997