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Cartas al director

Desaparecidos

Duelo, me duele esta tierra arada con la noche, desangrada en infames turbulencias, diezmada por la sucia soberbia del fuego. Aturde, me aturde ahora el viejo grito, el semejante lamento: su taconear insomne de pedestal vacío. Maliciosa presencia literal. Angustia... Nos robaste primero la sonrisa niña. Saqueaste después, meditadamente, las entrañas plenas. Ahogaste siempre, sistemátícamente, nuestra voz. Nos duele... Sólo duele... Hondo... Aquí ... Hoy... - .

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