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El sargento reconoce su crimen

Un policía portugués se confiesa autor de la muerte de un joven que inspiró la última novela de Tabucchi

"Fue un descalabro total, perdi la cabeza y sólo pensé que, había 'desgraciado mi vida". Con estas palabras, el sargento de la Guardia Nacional Republicana (GNR) portuguesa José Fernando Aleixo dos Santos, ha reconocido ante un tribunal de Lisboa uno de los crímenes más abominables de la historia negra de Portugal. El de mayo de 1996 , el sargento Dos San tos estremeció a¡ país con el homicidio y la posterior decapitación de un joven de 25 años en el cuartel de la GNR en Sacavém, en los alrededores de la capital. El atroz crimen y sus escalofriantes detalles inspiraron la última novela del escritor italiano Antonio Tabucchi, La. cabeza perdida de Damasceno Monteiro (Anagrama), quien, a pesar de ser un ferviente enamorado de Portugal, no dudó en denunciar los " preocupantes" abusos policiales en este país.Durante el juicio, iniciado el lunes en Lisboa, el sargento Aleixo dos Santos reconoció el crimen y la posterior decapitación del joven Carlos Rosa, acusado de un robo menor, pero se defendió con el argumento de que todo fue producto de un "accidente". Su amigo Vítor Grilo, un comerciante de Sacavém, le comentó que había sufrido un robo y responsabilizó del asalto a su empleado, Carlos Rosa, que llevaba dos días sin aparecer por el trabajo. Todo comenzó sin una denuncia formal. "Fue una cosa entre amigos", según el sargento.

Al saber que le estaban buscando, el joven Carlos Rosa se presentó en el cuartel, mientras el sargento perseguía su pista por los bares de la zona tomando algunas copas. En estos lugares, dijo el oficial, "se recogen buenas informaciones muchas veces y se gana la confianza de las personas". Su investigación no tuvo éxito y, para su sorpresa, encontró al muchacho esperándole en el cuartel. Ofuscado, le gritó: "¡No tienes vergüenza! Lo que te mereces es esto". Y le mostró la pistola, que, según sus palabras, se le disparó "accidentalmente". El joven recibió un tiro en la cabeza, cayó desplomado y murió en segundos.

Ninguno de sus subordinados se atrevió a detenerle o a denunciar el caso. El sargento y el soldado Castelo Branco trasladaron el cadáver hasta un descampado cercano donde el jefe del puesto decapitó el cuerpo.Abandonaron el tronco en un bosque y la cabeza en otro paraje, después de rebuscar con un machete la bala asesina en la cabeza de la víctima. El soldado Castelo Branco reconoció al tribunal que "debía y podía" haber detenido á su superior, pero no tuvo "coraje".

El inicio del juicio ha vuelto a despertar los fantasmas de los malos tratos en Portugal, denunciados en los últimos informes de Amnistía Internacional. El propio Antonio Tabucchi, hechizado por Lisboa, admirador y traductor de Pessoa y profundo conocedor de la cultura portuguesa, ha reconocido que su última novela es una apología contra el desprecio a la dignidad humana y frente a la injusticia. Tabucchi, autor de varias obras ambientadas en Portugal, como la célebre Sostiene Pereira, y actual profesor de Literatura portuguesa en la Universidad de Siena, añade que "Portugal se ha revelado como uno de los países más preocupantes, y hasta alarmantes", por los abusos de sus fuerzas de seguridad. "Este país", dice, "pertenece a mi persona en el sentido más íntimo y profundo de la palabra. Hasta me ocurre que sueno en portugués, lo que quiere decir que Portugal forma parte de la geografía de mi alma". Y precisamente por ello se ha sentido legitimado para lanzar esas denuncias. Estos casos han provocado una inmediata reacción del Gobierno socialista portugués, que, a mediados del pasado año, creó un organismo independiente para fiscalizar y controlar la violencia policial.Las investigaciones de los medios de comunicación lusos fueron decisivas para destapar el caso y atrapar a los culpables. Por ello, los periodistas también han recibido el reconocimiento de Tabucchi. La cabeza perdida... es también, según su autor, un homenaje "a esos periodistas que, sin grandes aspavientos y con un tono que quizá no sea elevadísimo, tratan de informar sobre este mundo en el que la abundancia de información amenaza con drogarse a sí misma. Me resultan simpáticos los cronistas que frecuentan las cárceles, los tribunales, los tanatorios, las miserias de la vida, y escriben sobre ellas, porque a veces un artículo de la llamada crónica negra puede servir para entender la vida mucho más que un tratado de sociología".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de septiembre de 1997