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Ricart se declara inocente en la sesión final del juicio por el crimen de Alcàsser

"Sólo quiero decir que soy inocente y que tengo la conciencia muy tranquila; eso es todo, señoría". Miguel Ricart se despidió ayer así del tribunal de la Audiencia de Valencia que decidirá si le condena a penas de hasta 245 años de cárcel por su presunta participación en el triple crimen de Alcàsser. El proceso, marcado por la tensión y los juicios paralelos, quedó visto para sentencia tras más de dos meses y medio de sesiones. El fallo no se conocerá hasta septiembre.

Miguel Ricart recuperó ayer el protagonismo perdido durante numerosas sesiones del proceso en las que asistió, como convidado de piedra, a debates ajenos a él y sobre teorías e hipótesis rocambolescas del triple crimen de Alcàsser. Pasadas las 10 de la mañana, el presidente del tribunal, Mariano Tomás, le invitó a acercarse al micrófono para escuchar su alegato final antes de dar por concluido el juicio.En tono pausado y seguro de si mismo, Ricart se levantó del banquillo y se situó frente al tribunal. "Sí..., lo único que tengo que decir es que parece ser que por los medios de comunicación se ha hecho una expectación en el día de hoy, de que iba a decir, o iba a..., no sé", dijo el procesado sobre el interés en torno a su última intervención.

Pero su abogado le había aconsejado prudencia, por lo que sólo añadió que su defensa había dicho todo lo necesario al pedir su absolución y proclamó de nuevo su inocencia. "Tengo la conciencia muy tranquila", aseguró. El presidente de la sala, con la campanilla ya en la mano, le ordenó que volviera a su sitio y anunció, para alivio de todos los presentes, que el juicio "queda visto para sentencia".

La sesión de ayer fue probablemente la más corta de las 49 celebradas desde el 12 de mayo. El abogado del Estado, Juan Ramón del Río, resumió en menos de una hora los argumentos jurídicos por los que rechaza la responsabilidad civil subsidiaria reclamada por varias acusaciones. "Es hora de acabar este juicio", concluyó el letrado al recordar la "intensa presión" soportada por el proceso, que ha estado acompañada de tensión, expectación y polémica.

En el juicio, tanto el fiscal como las acciones populares denunciaron con dureza en sus informes finales los juicios paralelos en determinados medios de comunicación y advirtieron del peligro que suponen para el desarrollo de un proceso. No en vano, las teorías e hipótesis sobre supuestas tramas oscuras, negligencias o contradicciones en la investigación, han marcado el juicio desde el principio.

El fiscal y las acciones populares, que piden hasta 245 años de prisión, han mantenido que Ricart, el único detenido por el caso Alcàsser, es autor y cooperador necesario del rapto, las salvajes violaciones y el asesinato de las tres niñas, cuyos cadáveres fueron hallados el 27 de enero de 1993 en una fosa de la zona montañosa de la Romana (Tous). Sus detalladas confesiones sobre el crimen, del que también creen autor al fugitivo Antonio Anglés -y tal vez terceras personas-, junto a los indicios reunidos por la Guardia Civil y los forenses, son la base de su acusación contra Ricart.

En cambio, para dos de las familias de las víctimas, el procesa do es cómplice o mero encubri dor de una supuesta trama orga nizada de la que no hay ningún indicio. Así, sus abogados, en la línea marcada por Fernando García, padre de Míriam, y sus colaboradores,- han dedicado el proceso a la búsqueda de pistas sobre esa trama.

Su actuación ha provocado crispación entre las acusaciones, se ha traducido en interminables interrogatorios sobre cuestiones que no afectaban al procesado, así como en un juicio a la Guardia Civil, los forenses valencianos e incluso algún testigo convertido injustificadamente en sospechoso.

García anunció ayer que continuará con su investigación para encontrar a los "verdaderos asesinos". También la defensa sostiene que los culpables aún no han sido descubiertos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de julio de 1997

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