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CARTAS AL DIRECTOR

Violencia contra los jóvenes

Gracias al sentido común de mi madre, y creo que un poco al mío, desde que tengo uso de razón he tratado de ser tolerante y comprensiva con los diferentes puntos de vista de los demás, y, aunque algunas veces con dificultades, he llegado a estar bastante satisfecha conmigo misma en ese sentido.Consecuentemente, he educado a mis hijos en la idea de que una de las cosas más importantes para que el mundo funcione es ponernos en el lugar de los demás, aunque nos cueste, y así comprender y evitar conflictos.

Bueno, pues todo esto se me está viniendo abajo gracias, entre otras cosas, a la actuación de estas "criaturas encantadoras" que, sobre todo los fines de semana, se dedican a cazar jóvenes para divertirse machacándolos.

El pasado sábado, entre la 1.30 y las 2.00, volvía mi hijo, de 18 años, de acompañar a una amiga cuando tuvo la mala suerte de toparse con uno de estos angelitos, motorizado y armado con las clásicas botas de puntera de acero -que, en mi opinión, no deberían venderse-, y que se dedicó a perseguirle con la moto, incluso por dirección prohibida, hasta que le alcanzó a la altura de un bar al que llegó a pedir auxilio y en el que le dieron con el cierre en las narices para que comprobara que mis teorías difieren bastante de las que suele practicar la raza humana.

En fin, todo terminó con una agradable patada en la cabeza y los consiguientes hematomas físicos y psíquicos. Y gracias, porque no sé qué hubiera pasado si no se llegan a acercar algunas personas que evitaron que la cosa llegara a más.

Me parece que ya es hora de que todos nos empecemos a tomar esto en serio si no queremos que nuestros hijos acaben encerrándose en casa atemorizados o, lo que sería peor, que decidan arreglarlo por su cuenta y conviertan la calle en un campo de batalla lleno de Rambos vengadores que no saben ni por qué se pelean; y que es lo que me temo que ya están haciendo algunos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de julio de 1997