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TRIBUNA

Casi diez horas

Menudo cansancio. Hemos tenido una etapa de nueve horas y media. Seis y media, de carrera; una hora del hotel a la salida, y dos horas de la meta al hotel. Encima nos han cortado la carretera de vuelta y hemos tenido que dar un rodeo de 30 kilómetros. Así que hasta las nueve y media no hemos cenado. Rápidos, y a la cama, que hay que madrugar.Hoy se ha visto a la gente movida. Al principio de la etapa ya se ha visto a muchos con ganas de intentarlo, pero Saeco y TVM han controlado para los sprints bonificados. Después del segundo, la cosa se puso más tensa todavía. Jalabert y Garmendia se metieron por delante, esperando que se produjera un corte para infiltrarse, y nosotros, claro, delante para vigilar. Menos mal que luego arrancaron unos cuantos, se quedó Gouvenou solo y todo fue más tranquilo. Los Saeco le dejaron hacer diferencia para que nadie más incordiara, aunque sin dejarle que se fuera al cuarto de hora. Pero los ONCE seguían con ganas. En el último puerto se fue Zülle, pero Abraham se metió en el grupo de delante y nos dijo a nosotros que estuviéramos tranquilos, que él controlaba. Luego llegó un puertecillo y le tocó el turno a Jalabert, y Abraham otra vez nos dijo que tranquilos. Se puso el Telekom a controlar, y nosotros, tranquilos. Impresionante fue la caída de Fornaciari en los últimos kilómetros. La de volteretas que ha dado. Ha sido una caída como de moto, sólo que sin mono, ni coderas ni casco. Iba él solo y se volvió a mirar para atrás; sin darse cuenta hizo el afilador con el de delante y a 90 por hora que se cayó. Verle dar volteretas como un títere impresiona. Menos mal que no se ha hecho nada, sólo rajazos.

Y el sprint, a verlo desde el sofá. Nosotros atrás. Todavía estabámos cuesta abajo y ellos ya estaban subiendo. Cipollini, impecable. Amarillo de arriba a bajo, sólo le faltaban las spinergy [ruedas de cuatro radios] para completar el conjunto. Las llevaba rojas, el color normal de su bici. La verdad es que el tío lo lleva con estilo, muy bien. Y los del Tour deberán de estar supercontentos. Menuda idea les ha dado. El año próximo, seguro que habrá maillot y culotte amarillos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de julio de 1997