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"Matadme de una puta vez"

¡Matadme de una puta vez!". José Antonio Ortega Lara, aturdido y desorientado, no podía imaginar que aquellos hombres en mascarados eran guardias civiles. Pensó que ayer había llegado su hora y que, en cierta forma, la muerte le aliviaría de aquella interminable tortura que empezó el 17 de enero de 1996. "¡Matadme de una puta vez!", repitió el funcionario de prisiones. Al joven teniente de la UEI (Unidad Especial de Intervención) le costó trabajo convencerle que no era un etarra, sino un oficial de la Guardia Civil, y que estaba allí para sacarle del agujero en el que había pasado 532 días "como un perro". Pero antes habían tenido que ser detenidos los cuatro etarras encargados de la custodia del rehén y 60 agentes habían tenido que levantar a pulso una máquina de tres toneladas bajo la que se ocultaba el zulo donde estaba Ortega, al negarse uno de los activistas a revelar ese escondite.

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