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CARTAS AL DIRECTOR

Programadores

Tengo la convicción de que aún no es demasiado tarde para impedir, entre todos y utilizando la cabeza, que la televisión se convierta definitivamente en algo inútil.No sé en Barcelona, Bilbao o Galicia, pero da pena en Madrid intentar ver televisión. Salvo alguna excepción, los canales parecen haber encomendado su programación a seres desprovistos de serenidad, de reflejos sociales, de sentido del humor, de inteligencia, de todas las cosas que convierten en humano el vivir. Da la impresión de que no saben lo que es una familia, ni una persona de edad, ni un trabajador, ni un parado, ni un niño, ni nada de nada.

Creo que la solución está, precisamente, en incorporar a los gabinetes de programación a gente normal, a esa que no necesita de la violencia para vivir ni para ser feliz, la gente que es capaz de discurrir, sonreír y de emocionarse.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de junio de 1997