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Entrevista:

"Me gusta Madrid porque tiene lo mejor y lo peor"

Freddie Pérez, de 26 años, nacido en Madrid, ha estudiado Imagen y Sonido en la Universidad Complutense y lleva siete años asustando a la gente en el Pasaje del Terror del Parque de Atracciones, donde hace de Freddy Kruger. El resto del tiempo, lo dedica al "gran amor de su vida": el cine. Documentándose, estudiando autores y escribiendo guiones. Por si fuera poco, ya ha realizado tres cortometrajes en vídeo, y con uno de ellos, Punto Géminis, (1995) quedó segundo en el Concurso Nacional de Vídeo de Palencia (1996). Sus directores favoritos en España son Agustín Díaz Llanes, Alex de la Iglesia, y, sobre todo, Alejandro Amenábar (que obtuvo el Goya este año con su primera película, Tesis), con el que ha estudiado.El cuarto corto de Freddie Pérez, Solo en la cumbre, de 20 minutos, se estrenó el viernes en en el pub Galileo Galilei. Una historia de gánsteres sacada del cuento del mismo nombre de Bukowski. Una crítica al abuso de poder, "en plan cómics y en la onda de Dick Tracy". La película la creado expectación, aunque a él le da un poco de "vértigo".

Pregunta. ¿Por qué tanto afán?

Respuesta. Con 10 años, ya me iba al cine del barrio solo. No me interesaba la televisión. Mi padre tenía una lechería, pero hacía cortos en plan cutre con una cámara super ocho. Ahora le meto en todos los fregaos, en Frío (un corto de unos dos minutos que también presenta hoy), hace de muerto.

P. ¿De qué trata Solo en la cumbre?

R. Es la historia de tres gánsteres. El jefe convoca a uno, de sus matones muy enfadado porque, supuestamente, no ha matado al que tenía que matar, aunque es mentira. El matón se marcha y el jefe le explica a su guardaespaldas que le van a liquidar. Como este último sabe demasiado también, le matan, y el final no se lo cuento. De todas maneras, no es el mismo que el del relato de Bukowski.

P. ¿Le gustan las mentiras?

R. Es un tema que también uso en Punto Géminis. Sigo mucho a Alejandro Amenábar, y la verdad es que como espectador me divierte mucho que jueguen conmigo. Y como creador, te sientes con cierto poder, incluso algo demiurgo..., me encanta engañar al espectador.

P. ¿ Y la violencia?

R. Es un asunto con el que ando preocupado; en principio no aprecio el cine violento, pero, si lo analizo, en mis cortos hay acción y violencia. Me parece peligroso, pero lo que pasa es que me atrae irresistiblemente y no se por qué.

P. ¿Cómo ve el panorama para los jóvenes directores españoles?

R. El cine español actual es cojonudo. Agustín Díaz Llanes hizo una auténtica obra de arte con Nadie hablará de nosotras cuando estemos muertas: me encanta. Y Alejandro Amenábar, que sólo tiene 23 años, es un genio. Lo único es que me da miedo lo que esta pasando: se están cortando mucho las subvenciones. No hay que olvidar que Trueba y Almodóvar han podido empezar gracias a las ayudas.

P. ¿Madrid le inspira?

R. No especialmente, aunque siempre he vivido aquí. Pero me gusta porque tiene lo mejor y lo peor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de mayo de 1997

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