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CARTAS AL DIRECTOR

Circo Raluy

Cuando parece que no encontraba salida, cuando el mar de la mediocridad parecía que iba a engullirme, aparecieron ellos.Asqueado de la televisión, de sus programaciones y contraprogramaciones, de sus negativas a producir programas propios, y del pago de cantidades astronómicas por programas que divierten en otras latitudes; los efectos fotocopia funcionando a la perfección: si un programa funciona, a la semana siguiente tienes uno similar en cualquier canal que pongas, y en cuanto le cambies una coma no es plagio; si el fútbol funciona, ahora hasta los lunes. Y cuando crees que no hay salvación, cuando los cómicos huelen a sexo, las noticias a partidismo y los anuncios a zapping, aparece esa pequena isla enmitad del océano, Un programa para sordos, y menos mal, porque llevaban años demandándolo; pero, claro, como además de sordos no hablan con nuestras palabras, pues no los oímos.

Ya no sabía uno dónde mirar, adónde acudir para entretenerse sin desprenderse de parte de la familia, los niños, eso que muchos ignoran a la vez que critican a sus educadores por no hacerlo, a su juicio, de forma correcta. Justo entonces aparecieron ellos, como venidos de otros mundos, que de hecho así es. Siendo españoles que triunfan en el mundo entero, como es natural aquí no les conocemos, pero, afortunadamente, han venido. En ese circo son artistas hasta los carpinteros que hicieron las caravanas; hay artistas por todas partes, los payasos son unas adorables criaturas con una sensibilidad digna de premio, aunque el mayor premio que puede recibir un artista de circo es la presencia del público.

Digno, limpio, original, ágil ingenioso, dulce, ¡genial! A ustedes, público, les ruego acudan deleitarse al circo Raluy.- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de mayo de 1997