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Norman Lebrecht: "El poder de los directores es la tragedia de la música"

El periodista presenta su polémico libro 'El mito del maestro'

El periodista Norman Lebrecht (Londres, 1048) a escrito en su libro El mito del maestro (Acento), presentado ayer en Madrid: "El gran director de orquesta es un héroe artificialmente creado y sostenido por la necesidad comercial". "El abuso del poder de los grandes directores es la tragedia de la música actuaV, afirma Lebrecht, columnista musical del británico Daily Telegraph, para quien el "dictador" de los `dictadores" fue Herbert von Karajan. "Al fin y al cabo aprendió a manipular su imagen de los mismos que habían fabricado la de Hitler. Sin él la historia de la música hubiera sido mejor".

Lebrecht, con unas enormes gafas que le dan aspecto de búho, es de esas personas que se divierte con sus propias provocaciones. Si se le nombra a los tres tenores (a quienes dedica un durísimo capítulo en su último libro, Cuando se para la música, no editado en España), salta exaltado: "¡Por favor! Van por el mundo diciendo: 'Nosotros somos la ópera, el resto no importa. Compre nuestro compacto y usted comprará toda la ópera'. Basura. Apurándome podría salvar a Domingo, parece que todavía se cree lo que hace. Y Pavarotti está mayor y tiene que contentar a su joven novia. Pero Carreras, ni una excusa". Si se le pregunta por Montserrat Caballé, dice tranquilo: "No me gusta hablar mal de los pensionistas", y al llegar a la diva norteamericana Jessye Norman explota: "¡La reina de las brujas, no, por favor!". Lebrecht siempre ha tenido problemas por sus libros y artículos. "¡Claro, soy periodista! Si quisiera caerle simpático a la gente no hubiera elegido esta profesión. Algunos han intentado acciones legales contra mí, pero ninguna ha salido adelante. Soy cuidadoso con mis datos, con ellos nunca arriesgo. El riesgo lo asumo con las opiniones". Lebrecht critica el secretismo que rodea a directores, agentes, cantantes y gerentes de orquestas y teatros. "En el mundo musical todos parecen intocables, por encima de todo. Su actitud es destructiva, antidemocrática y profundamente irresponsable. Hablamos de gente que maneja miles de millones de dinero público y ni se sienten responsables con la audiencia ni con el Estado".

Tiranos de una élite

Lebrecht tardó cuatro años en escribir el libro, de 1991, que ahora publica actualizado y traducido al español. A lo largo de más de trescientas páginas, retrata a los "grandes" directores de orquesta como unos tiranos, ídolos de una élite con una única obsesión: amasar poder. "El director no es un héroe popular, es el héroe de los héroes. Como escribía Elías Canetti, 'no hay expresión de poder más obvia que la actuación de un director'. Nadie ha explicado nunca por qué un hombre con un gesto en el aire puede provocar la respuesta exaltada de una orquesta, mientras que otro con aparentemente los mismos gestos, no". "Para ser un gran director no basta con ser un genio de la música", añade. "Es otra cosa, algo imperceptible, es la fuerza de seres divinos, unos curas cuya religión es la música". Y parafraseando a Daniel Bareriboim, que ayer actuó en Madrid, el periodista afirma: '"La dirección de orquesta como actividad única es una invención sociológica, no artística, del siglo XX".

Lebrecht cita a más de 200 directores (de Karajan a Toscanini, Von Büllow y Nikisch); anécdotas (de la supuesta hiperactividad sexual de los grandes directores, su gusto por aparecer junto a líderes políticos y la curiosa longevidad de estos "atletas místicos e inmortales" que firman contratos por 25 años cuando están a punto de cumplir los noventa y que han logrado borrar del mapa a jóvenes candidatos dejando un futuror desolador) y cientos de referencias para explicar qué tienen de dioses estos hombres.

De todos ellos (el autor destaca cómo ni mujeres, ni negros ni homosexuales tienen sitio en este olimpo) es Karajan el que se lleva la palma. Si hay una constante en el texto es el paralelismo entre el auge del fascismo y el de Karajan. 'Por supuesto que era un genio, si hubiera sido un mediocre no hubiera llegado adonde llegó. Pero, ¿qué hizo con su inmenso talento? Un flaco favor a la música. Aplastó a sus enemigos, no dejó brillar a cualquiera que le hiciera sombra y realizó ¡900! grabaciones a lo largo de su vida. ¿Con qué fin? Probablemente, y no olvidemos las zonas comunes entre políticos directores, por su claro rechazo a dejar paso a los jóvenes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de abril de 1997