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Kinshasa, un barril de pólvora

Los quintacolumnistas de Kabila convierten la capital de Zaire en un hervidero de rumores

ENVIADO ESPECIAL"Estamos sentados sobre un barril de pólvora", asegura una fuente diplomática occidental en Kinshasa. "Puede ocurrir de todo. Esta situación evoluciona muy rápidamente hacia algo impredecible. El régimen se está desmoronando". Sobre su mesa de cristal hay un mapa del país y un teléfono móvil; son los únicos que funcionan aquí. Su número de cinco cifras es el salvoconducto para cientos de occidentales en el caso de una evacuación urgente. Hay miedo a que estalle una ola de violencia y pillaje o a que Mobutu Sese Seko decida defender la capital a sangre y fuego. Al otro lado del río Congo (nombre que le quieren devolver los rebeldes), miles de soldados de élite de EE UU, Francia, Bélgica, Reino Unido y Portugal tienen todo a punto para intervenir.

"En Zaire hay 395 españoles, 137 de ellos en Kinshasa. El 90% son misioneros. Todos se encuentran bien. Están localizados y saben lo que tienen que hacer si surgen problemas", dice el embajador de España, José Antonio Bordallo. Su residencia, muy cerca del Palacio de Justicia, una mole gris casi a medio terminar, es uno de los puntos de encuentro. Bordallo no quiere revelar los detalles, pero da la sensación de que todo está preparado al milímetro.

La ciudad, destartalada y sucia, la única de importancia que aún no está en manos de los hombres de Laurent Kabila, está casi desierta. Sólo algunos vehículos circulan a toda velocidad sobre sus calles bacheadas y polvorientas. Hay corrillos de soldados en las esquinas, a la sombra. Portan retadores fusiles desvencijados que tienen las balas contadas, o ni siquiera las llevan. Pese a ello, son temidos. Detienen por capricho. Para ganarse el sueldo que no les pagan. Encierran a su víctima en un coche sin placas y le roban a punta de metralleta.

Para hoy está convocada una jornada fúnebre: el día de la ciudad muerta. La Unión por la Democracia y el Progreso Social (UDPS) de Etienne Thsisekedi, la oposición de siempre, endurece cada día su pulso contra Mobutu, al que exigen la renuncia. Se esperan más incidentes, pues el nuevo Gobierno del general Likulia Bolongo ha decretado el estado de emergencia y prohibido las algara

bías callejeras. Las radios insisten en que los rebeldes están ya a 300 kilómetros de la capital. No hay confirmación independiente. Kinshasa es un hervidero a presión de rumores. "Son los quintacolumnistas", dice un diplomático. "Ya hay gente de Kabila infiltrada en la ciudad. Su misión es crear el caos, expandir el pánico, preparar el ambiente para la llegada de las tropas rebeldes". Su avance es imparable. Kananga, en el centro, está en manos de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo-Zaire (AFDL). Su próximo objetivo en la ruta directa a Kinshasa es Tshikapa, rica en diamantes. Más al este, en Kilwit, a 600 kilómetros de la capital, hay pillajes, síntoma inequívoco de huida de las tropas de Mobutu. Al norte, la AFDL se acerca a Gbadolite, la localidad natal del dictador. Allí se alza el mejor de sus palacios. La mayor amenaza son esas tropas de Mobutu en desbandada. Huyen hacia Kinshasa como una plaga de langostas: arrasando aldeas y campos. No se sabe qué sucederá cuando arriben a la capital. El recuerdo de los pillajes de 1990 y 1993 está muy presente. Los comercios han adoptado medidas de seguridad. "¿Cuándo llega Kabila?", pregunta con una gran sonrisa un hombre enjuto. "Queremos que llegue ya. No podemos esperar más". El problema es Mobutu. Nadie sabe qué es lo que va a hacer. Su respuesta, el sábado, a Kabila fue ambigua: "No acepto ultimatos. Si quiere que hablemos, me lo tiene que pedir educadamente". El ultimátum rebelde terminó ayer. Ahora, la opción militar parece la única posible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de abril de 1997