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TRIBUNA

El orgullo

Milagrosamente. Los primeros minutos fueron un fiel reflejo de lo que sucedió en el partido de ida. El control del juego por el Ajax ante un rival agazapado e inseguro le llevó a disponer de tres claras ocasiones milagrosamente falladas. Tras el golpe de suerte ya que era la primera oportunidad que tenía, el Atlético cambió totalmente y también pudo sentenciar.Peligro manifiesto. Kiko y en menor medida Esnáider se convirtieron en las opciones ofensivas más claras. Cada vez que el gaditano tenía el balón, el peligro era manifiesto. Tristemente para Kiko, Esnáider no transformó el penalti porque el escorzo que hizo merecía que la jugada finalizara en gol. Fue una auténtica pesadilla, no le quitaron un balón en todo el partido.

Agotados. Acostumbrados a mantener la pelota en su poder, los holandeses tuvieron muchas dificultades para defender su portería. Con los recursos físicos agotados y sin haber disparado a puerta desde hacía 40 minutos, se encontraron con un gol decisivo. Y es que uno se cansa mucho menos cuando tiene la pelota.

No pudo ser. Ganar o perder un partido, da igual la importancia,. depende a veces de la calidad individual unida a un momento de concentración absoluta con otro de distracción del contrario. Aunque no se puede hablar de tal, Molina quizá estaba un poco adelantado en el segundo gol. No pudo ser pero al Atlético le queda el orgullo de haber tenido al Ajax contra las cuerdas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de marzo de 1997