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Muere el actor Vicente Parra a los 66 años

El protagonista de '¿Dónde vas Alfonso Xll?' falleció ayer en Madrid

El galán protagonista de ¿Dónde vas, Alfonso XII, Vicente Parra Collado, falleció ayer a las 18.15 tras una larga enfermedad en su domicilio de Madrid, a los 66 años. Parra saltó a la fama en 1956 interpretando al rey Alfonso XII en las dos películas que se hicieron basadas en la vida del monarca. Un éxito profesional que no logró igualar a lo largo del resto de una carrera dedicada con persistencia al teatro y al cine, aunque con desiguales resultados. Su último papel lo hizo el año pasado en Tranvía a la Malvarrosa, de José Luís García Sánchez.

Nacido en Oliva, Valencia, en 193 11 el año de la proclamación de la Segunda República, desde, muy joven Vicente Parra trabaja como figurante en el cine y como meritorio en el teatro. Debuta en un pequeño papel en cine a finales de los años 40, pero solo hace su primer protagonista en el interesante policiaco de época El expreso de Andalucía (1956), de Francisco Rovira Beleta, gracias al éxito obtenido en su primer papel de una cierta importancia en la compañía teatral dirigida por Luis Prendes, a los 20 años. Este primer éxito impulsa al joven actor a buscar nuevas oportunidades en el cine y termina por abandonar la compañía de Amparo Rivelles para concentrarse en su carrera cinernatográfica.Su trabajo en cine prosigue con el reputado director Mauel Mur Oti, en la adaptación clásica de Fedra (1956) y en la comedia dramática El batallón de las sombras (1957) y con el famoso realizador Antonio Isasi Isasmendi en la historia sobre la revolución anticomunista húngara Rapsodia de sangre (1957).

El éxito efimero

Poco después llega la gran oportunidad. Vicente Parra consigue el mayor triunfo de sucarera al encarnar al rey Alfonso XII en el díptico formado por ¿Dónde vas Alfonso XII? (1958), dirigida por el argentino exliado Luis César Amadori y su secuela titulada ¿Dónde vas, triste de tí? (1960), realiza da por el productor Alfonso Balcázar, basadas en las obras teatrales homónimas de gran éxito del escritor monárquico Juan Ignacio Luca de Tena.

En la primera de estas películas forma pareja con la popular cantante folclórica Paquita Rico, que encarna a la reina Mercedes, y en la segunda con la mexicana Marga López, que hace de la fría reina María Cristina, archiduquesa de Austria.

A pesar de estos triunfos, durante la década de los sesenta, Vicente Parra hace más teatro que cine. Aparece en escena con comedias como La jaula dé las locas o La decente, y también en obras de otros géneros como Cara de plata y El hilo rojo, donde encarnaba a Sigmund Freud.

La popularidad y la fama le llegaron pronto, pero el sueño duró poco. Pese a su dedicación plena a la profesión a lo largo de toda su vida, fueron pocas las satisfacciones que alcanza tras aquel primer logro del estrellato.

Entre sus películas de estos años sólo cabe destacar la tosca comedia Cariño mío (1961) de Rafael Gil; una nueva versión en color de la popular zarzuela La verbena de la paloma ( 1963), de José Luis Sáenz de Heredia, otra versión más, también en color, del viejo drama regional Nobleza baturra (1965), de Juan de Orduña y la tonta comedia musical protagonizada por Rocío Durcal, Buenos días, condesita (1966), de Luis César Amadori.

Después de trabajar con los directores más significativos de los años del franquismo, le llama Juan Antonio Bardem para intervenir en Varietés (1970), una torpe nueva versión al servicio de la cantante Sara Montiel de su excelente primera película Cómicos (1953), Vicente Parra intenta cambiar de imagen y dar un brusco y nuevo giro a su carrera pero no acaba de conseguir su propósito.

De la mano del personal realizador vasco Eloy de la Iglesia encarna a un empleado del matadero, que acaba convirtiéndose en un frío asesino en el sórdido e irregular policiaco con una insólita carga homosexual para la época La semana del asesino (1971), en la que también interviene como coproductor. Vuelve a trabajar con Eloy de la Iglesia en Nadie oyó gritar (1972) otro sórdido y desigual policiaco. Sin embargo, ninguna de las dos películas obtiene el éxito deseado y la carrera de Vicente Parra comienza a desequilibrarse.

Mientras también desciende su actividad teatral empieza a hacer importantes papeles secundarios en atractivas producciones. Entre estas películas hay que citar Las largas vacaciones del 36 (1976), de Jaime Camino, donde la guerra española es mostrada a través de los ojos de unos niños catalanes, la comedia dramática La siesta (1976), de Jorge Grau; la irregular comedia Nosotros que fuimos tan felices (1976), de Antonio Drove, y La guerra de papá (1977) de Antonio Mercero, adaptación de la novela El príncipe destronado de Miguel Delibes, que también tiene éxito.

Transcurridos los primeros años ochenta, Vicente Parra deja prácticamente de trabajar en cine y también en teatro durante una década. Sin embargo, recientemente y de la mano del realizador José Luis García Sánchez ha intervenido en sendos papeles secundarios en dos interesantes producciones. La divertida comedia negra Suspiros de España (y Portugal) (1995) y Tranvía a la Malvarrosa (1996), adaptación de la obra de Manuel Vicent, todavía pendiente de estreno en muchos puntos de España.

Vicente Parra falleció ayer en su piso de Madrid, a causa de un tumor canceroso. Un médico del servicio de urgencias del Insalud certificó ayer su muerte, informa Luis Fernando Durán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 1997